Un autor, un libro

Los lugares del Gatopardo

Los Relatos de Giuseppe Tomasi di Lampedusa publicó hace poco Anagrama fueron escritos tres años después de terminar El Gatopardo. Sin embargo, estos Raconti, como se titularon en la edición italiana, son en realidad la precuela de la novela, una especie de ensayo de la memoria que el autor decidió contarse a sí mismo, en mitad de una Europa en ruinas, a modo de álbum literario de los lugares de una estirpe que alcanzaba su ocaso. El grueso de estos Raconti está vinculado a la memoria personal del escritor que usa como anclaje del recuerdo aquellas sólidas, mágicas, telúricas y grandiosamente decadentes casas familiares.

El hogar de los Lampedusa

Durante la Segunda guerra mundial, Sicilia era, como tantos otros lugares, objetivo a derribar. Una mañana primaveral de 22 de marzo de 1943, los barcos del puerto palermitano fueron víctimas de un fuerte bombardeo, y los fragmentos de la explosión cayeron sobre el palacio de los Lampedusa, destruyendo la biblioteca. Pocos días después, el 5 de abril, un nuevo bombardeo sobre la ciudad provocó la destrucción de decenas de casas. El palacio, herido de muerte, no soportó el ataque, desplomándose casi en su totalidad. El escritor y su esposa se vieron obligados a buscar un nuevo lugar para vivir hasta el final de sus días. Mucho después de aquello, la amada casa familiar palermitana de Lampedusa fue sometida a una importante reestructuración. Reconvertida en apartamentos, poco conserva ya de aquel lugar casi sagrado donde Tomasi di Lampedusa pasó la mayor parte de su vida y donde creyó que, como requería su linaje, moriría. Sus primeros recuerdos en el tocador de su madre, las mañanas de sol de su juventud, los patios, el servicio, las caballerizas, las bromas entre primos. Durante casi treinta años, entre las paredes de este palazzo que ya no existe, se forjará la melancólica felicidad de un hombre que se emancipa como escritor en estos magníficos Relatos de su pasado.
El armisticio hizo regresar a Palermo a los últimos Gatopardo, Tomasi y su esposa Licy, así como a la anciana y amada madre de este, la princesa Beatrice Mastrogiovanni Tasca di Cutò. Con la indemnización obtenida de la Corona por la expropiación de la isla de Lampedusa pudieron adquirir el palacio que un día fuese del príncipe Giulio Tomasi di Lampedusa, abuelo del escritor y modelo, con posterioridad, para la recreación del protagonista del Gatopardo. Aquí, el escritor vivirá hasta su muerte, sobrevenida en 1957, aunque nunca lo consideró del todo “su casa”, como confiesa en un fragmento de estos Relatos.

El palacio Lanza Tomasi

Esa “casa”, situada en Via Bútera, en el palermitano barrio de Kalta, junto al puerto, es hoy el Palazzo Lanza Tomasi. Gioachino Lanza Tomasi, hijo adoptivo de Giuseppe, se encargó de la completa reestructuración y habilitación del edificio a la muerte de su padre. La biblioteca del escritor y la sala de baile son, en gran medida, testigos de su memoria doméstica, pues los muebles que aún se conservan allí proceden del destruido Palazzo Lampedusa. El resto de las salas se completaron con aquellos objetos y recuerdos que pudieron recuperarse de las otras propiedades de la familia procedentes del Palazzo Lanza y el Mazzarino. Gioachino y Nicoletta, su mujer, siguen siendo hoy los encargados de dar vida a este lugar, en el que también se conserva la biblioteca que Tomasi recuperó de entre los escombros. Gioaquino Lanza Tomasi y su esposa, Nicoletta Polo, fueron además, los responsables de la edición e introducción y notas de este volumen de Relatos editado en Anagrama.

Santa Margherita di Bèlice


Otra de las “casas” que sostiene la memoria literaria de Lampedusa es el Palazzo Filangeri di Cutò. A unos 75 kilómetros de Palermo dirección suroeste, por la Strata Provinciale 44, se llega hoy cómodamente al pueblo de Santa Margherita di Belice, en la provincia de Agrigento que, casi enteramente destruido tras el terremoto de 1968, aún conserva un innegable sabor gatopardesco. Los Relatos nos describen con melancólica belleza la extensa plaza Matteoti, además de la capilla palaciega, pero sobre todo se detienen en los recuerdos del Palazzo Filangeri di Cutò, refugio de estío del escritor y su familia, que para los lampedusianos siempre estará ligado a la literaria, enigmática y sensual Villa di Donnafugata.
El viaje del niño Giuseppe a esa casa de la familia materna en los inicios de los eternos veranos de Sicilia constituye un mural costumbrista, radiante de emociones que logra hacernos añorar un mundo al que muchos llegamos demasiado tarde, pero que aprendimos a amar en su literatura.
El reconstruido palacio es en la actualidad la sede del Parco Literario, así como del Museo del Gatopardo, centrados ambos enteramente en la figura de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: cartas, fotos de la época y otros objetos pertenecientes al escritor se distribuyen por entre sus reconstruidos salones, completados con las copias del manuscrito y el dactiloescrito de El Gattopardo, cuyos originales se conservan en el Palazzo Lanza Tomasi de Palermo. La muestra se completa con recuerdos de la famosa película que lleva al cine la historia del libro, ingente obra maestra en su registro, dirigida por Visconti en 1963.

El viejo duque de Palma visita su Palazzo

Al sureste de la isla y sin salir de la provincia de Agrigento, bastante más alejado de Palermo que Santa Margherita, se encuentra el pueblo de Palma de Montechiaro, cuya fundación se remonta al 3 de mayo de 1637, después de que el barón Carlo Tomasi e Caro hubiese obtenido la licencia populandi del rey Felipe IV de España. De esta manera, la emergente familia paterna del escritor, los Tomasi di Lampedusa, legitimaban su posición dentro de la aristocracia siciliana.
A la muerte de Carlo, el título fue heredado por su hermano Giulio, conocido como “el duque santo” debido a su dedicación a la vida ascética y a la asistencia de los más pobres. Curiosamente, y aunque durante años el título nobiliario de Tomasi di Lampedusa fue el de duque de Palma, directamente vinculado con este lugar, el escritor reconoce en uno de los Relatos que nunca había estado allí. Viajó a sus tierras paternas por primera vez pocos años antes de su muerte junto a su hijo adoptivo Gioacchino, visitando la catedral construida por el duque santo y el convento Benedictino, un antiguo palazzo que el antepasado había convertido en mansión religiosa.
Giuseppe Tomasi, el último duque de Palma, seguía siendo por aquel entonces el “patrón” de aquellos lugares, y la acogida —con pompa y circunstancia— por parte de las autoridades eclesiásticas, así lo demostró. Aunque la Donnafugata de la novela es una transposición literaria de la villa materna de verano de Santa Margherita de Bèlice, el reencuentro tardío en Palma con su memoria, su pasado aristocrático, su grandeza de estirpe paterna, le sirvieron para recrear en su libro la hermosa, melancólica escena de la llegada de los Salina a Donnafugata. El resto de los lugares de la memoria, Torretta, Bagueria y Reitano, completarán las impresiones reales de estos Raconti de la infancia que luego se verterán, madurados, en El Gatopardo.

El mar y la sirena

Lampedusa no nos permite olvidar que Sicilia, rodeada de mar, tiene en ella el origen de su memoria. Y aunque estos relatos, como la propia vida de la que se alimentan, se alejan de las orillas en dirección a los palacios familiares, vetustos islotes de piedra y mármol dentro de esta otra gran isla, la presencia del Mediterráneo como un símbolo está en ellos inevitablemente presente, pero se encarna con fuerza en La Sirena (Lighea, en italiano). La hermosura feroz, la búsqueda suprema del deseo y del todo, tan platónico y a la vez tan lampedusiano, cristalizan en este cuento de amor homérico donde Lampedusa es capaz de resumir, en un breve raconti, tres mil años de literatura. La vieja Europa ha muerto, pero en estos Relatos de piedra y sal que ahora publica Anagrama al cuidado de los últimos Gatopardo, reverbera con fuerza su hermosa memoria.

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