Terranova, una editorial hecha arte

Firmas editoriales llenas de singularidad como Terranova hacen que la industria del libro en España sea un ecosistema fascinante. El sello independiente especializado en arte busca librerías especializadas, museos y centros contemporáneos en los que exhibir sus volúmenes.

Terranova es una pequeña editorial que ha optado por la arriesgada apuesta del libro de artista. Su fundador Luis Cerveró califica su creación como un “gesto bastante inconsciente” allá por el 2014. Algo que se corrobora si seguimos el relato de los acontecimientos. Un productor exitoso en el campo audiovisual pone en marcha su empresa. Con Terranova busca gozar de absoluta libertad, conoce a un joven fotógrafo que ha presentado un corto que le gusta y le propone ponerse al frente de su próximo proyecto. Es posible que la respuesta que recibió cuando le dijo que no quería hacer cine si no un libro de sus fotos fuese el motivo de adentrarse en una senda inexplorada, una tierra nueva que hoyar sin experiencia alguna. Si a eso sumamos los consejos que recibió de otros colegas del sector para que se preparase a perder dinero y resistir en el duro mundo de la edición en España es posible comprender que Luis repita que nació “de manera natural y casi improvisada”. Pero no que añada: “Lo cierto es que así sigue funcionando seis años después”. Desde Schelecker, el primero de sus títulos, hasta hoy día se extienden seis largos y apasionantes años. 

En este tiempo el catálogo de la editorial ha crecido. Jóvenes creativos de muy distinta índole han podido dar salida, con calidad, a un trabajo artístico libre y han buscado en Terranova el espacio donde materializar ideas que con dificultad habrían tenido cabida en el gran entramado editorial clásico. Lo material puede convertirse en un obstáculo complejo de sortear ante la apabullante oferta que el mundo digital ofrece. Porque el compromiso de partida de esta empresa unipersonal fue el gusto por lo táctil. Eso explica que su fundador tenga tanto interés en el formato de libro tradicional. 

Para hacer funcionar una maquinaria desconocida y que a todas luces se presentaba como una inversión sin miras de rentabilidad, los contactos con el mundo del diseño en Barcelona resultaban esenciales. Para Luis Cerveró mencionar a Ana Domínguez es obligado ya que “sin ella no habría sabido hacer nada porque yo no tenía ni idea de cómo se hacía un libro”. Fueron colaboradores bien avenidos y de ahí surgieron, además de su imagen corporativa, las doce primeras referencias de su catálogo.

Los libros que Terranova edita se convierten en un plus artístico añadido a lo aportado por sus propios autores y el trabajo conjunto ha fraguado relaciones de amistad y admiración por ambas partes. De ahí que haya nombres que se repiten como los del fotógrafo Rafa Castells (Schlecker y Life y aportó su obra en Atalaia, Pacífico y Negociudad) o el también fotógrafo Adrià Cañameras (Vidas Perras y Reasonable Blood, colaboró con el fanzine del arquitecto Guillermo Santomà con tres títulos: Branpussy, Arte Insano y Mano de Santo), la modista Paloma Wool (que en su línea Fuera de Serie es autora de 14/14, 15/15 y 16/17). Las colaboraciones con diseñadores y artistas varían y enriquecen cada proyecto. Aunque se le ponga en un aprieto y la corrección le lleve a decir que ha disfrutado de todos los libros, su implicación le hace reconocer que algunos le han tocado de un modo especial. Así menciona con mucho cariño Illa, cuyo autor vuelve a ser un fotógrafo, Salva López y que contó con el diseño del tristemente desaparecido Eloi Gimeno cuyo trabajo elogia reconociendo que “fue realmente como presenciar un genio en acción”. Random Picuture Book de Cristina Stolhe le ha supuesto una implicación muy personal de la que está muy contento y en la que participa como un auténtico mecenas que refuerza la autoestima del gran talento artístico que encuentra entre las jóvenes generaciones. De ahí que Terranova reconozca que la parte más desagradable de su trabajo es rechazar proyectos sin poder darles una alternativa en un sector que en “España está fatal”, según apunta Cerveró y “en el de los libros de arte en particular”, añada. 

A pesar de la situación, su último fotolibro Punt Final de Roc Herms está en el mercado y la defensa que de él hace Luis Cerveró es toda una declaración de intenciones que se mantiene fiel a las premisas que le movieron a dar forma a este proyecto 

“Es exactamente el tipo de libro que me interesa, aunque también supone siempre un suicidio económico. Es imposible que un libro así sea rentable. Pero da igual, es una maravilla. Haber apoyado y ayudado a Roc a hacer el libro posible es el tipo de cosas que hacen que esta editorial siga existiendo. No es una cuestión de dinero, es una cuestión de felicidad. Realmente me hace feliz hacer cosas así”, dice.

Desde hace dos años Terranova incorporó a Lucía Boned como directora ejecutiva. Ella puso su particular saber hacer en una parte compleja para una editorial independiente que se autogestiona y no cuenta con distribuidora. Se ha dedicado en exclusiva a intentar poner su producto en el mercado. Además de vender a través de su web han conseguido colocarlo en muchos puntos de ventas. Eso le ha exigido un esfuerzo por contactar con librerías en los que este libro tan especial tenga salida, sobre todo cuando está enfocado a un público mayoritariamente joven que no tiene recursos. 

Observar que en ferias internacionales el cliente extranjero era quien compraba los llevó a intentar dar visibilidad en librerías situadas en museos y centros de arte contemporáneo y extender su red por el mayor número de librerías de toda España y el extranjero. Hasta la llegada del Covid-19 pueden sentirse orgullosos de haber superado cuatro años de déficit en la sección editorial de Terranova y decir que es rentable. Aunque “no da un gran sueldo —comenta Lucía— me quedo con la satisfacción de hacer un trabajo como este”. Ella y Luis se equilibran bien, incluso dice haber cambiado su forma de ver el libro con el que ha trabajado durante quince años en una gran librería, y reconoce que ya no le parece un simple producto. La dedicación y el mimo que ponen ambos en Terranova da unos artísticos frutos para los que se necesita un público de selecto paladar.


Biblioteca imprescindible de Terranova

Schlecker

Rafa Castells. 30€ (128 p) ISBN: 978-84-6168-579-0

Un centenar de carretes ya disparados en un cajón de su cuarto fueron la base de un libro que no tendría coherencia de ningún tipo, sería un mero repaso con que mostrar públicamente unas fotos que se habían hecho con la simple intención de documentar el día a día. Tomó forma como un discurso lumínico acompañado por un progresivo proceso de fusión entre el rosa y el azul, que simbolizan el tránsito de la noche al día.

Atalaia

María Prats Ulldeter. 35€ (136 p + 2 vinilos) ISBN: 978-84-6172-731-5

Lo que comenzó como un proyecto estrictamente musical de Aleix Clavera se convirtió en un diálogo multidisciplinar, con las instalaciones de María Prats, el relato literario por capítulos que avanza con cada corte musical del propio Aleix junto a Gerard Segura y el documento fotografiado por Rafa Castells para salir en forma de libro. Un grito de libertad y una llamada al cambio.

Illa

Salva López. 30€ (33 dípticos + 1 díptico desplegable + 10 páginas + cubiertas) ISBN: 978-84-9441-874-7

Salva López visitó con su pareja varias islas y tras una crisis sentimental, decidió viajar completamente solo para recluirse en sus pensamientos, y fotografiar los paisajes como una terapia curativa. A la vuelta, lo convirtió en un libro marcado por la dualidad: las fotografías en color de sus viajes en pareja, y los grandes paisajes en blanco y negro desoladores y desérticos.

Random Pictures Book

Cristina Stölhe. 20€ (50 p x 4 portadas diferentes) ISBN 978-84-9481-073-2 

Un torrente de imágenes generadas de manera casi compulsiva con un teléfono móvil se traslada al papel dando sensación de acumulación, exceso, desorden y falta de calidad técnica de la fotografía telefónica.

Punt Final

Roc Herms. 30€ (304 p) ISBN 978-84-1214-955-5

En el proceso de vaciar el piso de sus padres fallecidos su hijo descubre que en su biblioteca la mayoría de los libros todavía conservaban un punto de lectura entre sus páginas. Al principio o al final, pero la mayoría entremedias, marcaban la página en que habían abandonado la lectura. Le pareció ilustrativo de lo que fueron dos vidas compartidas.

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