Taller Gris Tormenta: la edición como una vía para explorar el mundo

La editorial fundada por Mauricio Sánchez y Jacobo Zanella cumple este verano cuatro años de vida. Sus publicaciones son un reflejo de la obsesión por el libro como objeto cultural, como arquetipo de conocimiento y de placer intelectual. 

Primero ensayaron acerca de las razones por las que un escritor decide dedicarse a la literatura. Después, la obra de Georges Perec los invitó a reflexionar sobre lo trivial, lo cotidiano, lo evidente y lo común. Un año más tarde consiguieron el libro que revolucionó a la editorial. En 2017 los jóvenes editores leyeron la antología Five Ways of Being a Painting and Other Essays, que compila a los seis ganadores del Notting Hill Essay Prize de ese año: “Nos gustó tanto uno de los ensayos que decidimos convertirlo en libro e iniciar una nueva colección con él, la colección Editor”, dicen. Hoy, contra todo pronóstico, es la más popular de la editorial.

Ese ensayo fue Perder el Nobel, un ensayo muy personal, muy literario, que habla de lo que sucede en la vida de una traductora. En él, Laura Esther Wolfson cuenta su experiencia en el oficio de la traducción. En 2005, en el PEN World Voices, fue intérprete de Svetlana Alexiévich. Años más tarde una editorial le ofreció traducir al inglés dos libros de la escritora bielorrusa, pero Wolfson, argumentando problemas de salud, decidió no aceptar el trabajo. Después, en 2015, Svetlana ganó el Premio Nobel de Literatura. “Este libro representa muy bien a la colección Editor, que intenta mostrar las historias que suceden en el backstage de la literatura”, aseguran.

Esto lo cuentan Jacobo y Mauricio en la oficina ubicada en la calle Vicente Guerrero número 34, en el centro de la ciudad de Querétaro, espacio que ha refugiado los once títulos publicados por la editorial repartidos en dos colecciones: Disertaciones y Editor. En ese taller editorial es donde imaginan, editan y reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

Perfectamente clasificados por sus fundadores, allí descansan los libros publicados —once hasta ahora— y sus respectivas correcciones que forman una especie de diálogo editorial con las y los escritores, entre ellos Jazmina Barrera, Tedi López Mills, Felipe Restrepo, Jorge Carrión, Lina Meruane, Brenda Lozano, Patricio Pron, Juan Villoro, Sara Mesa o Daniel Saldaña. Hay páginas que no pueden leerse claramente, pues contienen anotaciones de varias personas que forman distintos niveles de edición. De cada título hacen varias maquetas, cada una más limpia que la anterior, hasta que ya no encuentran errores. Aunque siempre suele aparecer una errata el día que se va a la imprenta, la última —cuentan— “un Sócrates sin acento, después de decenas de revisiones y lecturas, y de haber sido finalmente aprobado por el autor, tres editores y dos correctores”. Quizá esto inspiró Ilegible el nuevo libro publicado por la editorial. En él, el editor y escritor, Pablo Duarte describe el proceso de creación de un texto en términos de una búsqueda, en el desencanto y la fascinación de una escritura que pareciera nunca terminar de escribirse. Y así fue el proceso para construir el libro: “Cuando nos mandó el primer borrador no era el libro completo, lo leímos e hicimos algunos comentarios y se lo devolvimos. Después nos mandó un segundo borrador tratando de incorporar esos comentarios y dialogar con ellos. Era ya un texto nuevo. Hicimos comentarios a ese segundo texto y nos mandó un tercer borrador que era un texto completamente distinto y le dijimos: ¡Pablo tienes que parar!”.

Nuevas instrucciones para editar en México

Ninguno de los dos tiene una formación relacionada con la edición o la literatura, uno es arquitecto y otro es administrador, el oficio proviene del gusto por los libros y por la lectura. En el caso de Jacobo, por el libro como objeto ideado y creado con las manos, mientras que en Mauricio siempre ha dominado el interés en la producción literaria de las editoriales independientes, sobre todo aquellas que buscan voces jóvenes en los distintos países del habla hispana. Su curiosidad en aumento los llevó a imaginar que ellos también podrían crear algo así.

La editorial no los ha vuelto ricos, pero están razonablemente satisfechos. El sello que han implantado bastante bien en México les ha proporcionado gran experiencia y los convierte en unos de los editores jóvenes más audaces de la historia de la edición mexicana contemporánea, “una muy saludable renovación del panorama editorial mexicano”, a decir del escritor Yuri Herrera.

Ambos habían editado libros y revistas durante más de diez años para distintos sellos, pero nada literario. En 2016, Mauricio habló con su socio sobre la idea de fundar una editorial entre los dos. Lo pensaron durante un año y en 2017 apareció el Taller Editorial Gris Tormenta.

Jacobo confiesa que tenían algunas nociones previas sobre la edición, pero al mismo tiempo sabían“que editar literatura iba a ser muy distinto”, y esa experiencia se percibe. Tomás Granados, editor de Grano de Sal, la describe así: “Parece que siguen la lógica que impera en la redacción de una revista al planear un número monográfico organizado en torno a una idea, ya sea agrupando textos preexistentes o convocando a ciertos autores a participar en cada experimento”.

Editar una antología temática de ensayos puede ser una tarea muy desafiante, según Jorge Comensal, autor en esta casa editorial. Además de la demanda que requiere la labor intelectual de ubicar autores potenciales, invitarlos y editar sus manuscritos, “el desafío consiste en dotar el texto de unidad literaria”.

En el despacho de su oficina, a la que ellos llaman “el taller”, Jacobo y Mauricio relatan cómo es la tarea de buscar las formas narrativas de la cultura contemporánea: “Nuestro catálogo de libros es el resultado de un debate editorial, no de manuscritos que buscamos o recibimos. Más que publicar autores o textos inéditos, proponemos nuevas lecturas sobre aquellos que ya existen o los comisionamos para desarrollar una idea nueva. Editamos, entre otras cosas, para contemplar, no para llenar vacíos; eso nos permite divagar y publicar a destiempo, además de conservar un ritmo placentero”, aseguran.

Colecciones interesantes y únicas a la vez

Ambos definieron, al principio, una estructura en colecciones muy bien delimitadas y, dentro de cada colección, títulos con características muy particulares, que no pudieran pertenecer a otra editorial, sino que desde antes de leer el libro, el lector reconociera que es Gris Tormenta, ya sea por el diseño, la estructura o el tipo de edición que hacen.  El escritor Emiliano Monge  piensa que “todos los libros del catálogo comparten eso: estar y suceder en esos espacios”.

La editorial publica pensamiento literario a través del ensayo y la memoria. Cuenta con dos colecciones; la primera, Disertaciones, en la que se agrupan una serie de antologías alrededor de un tema debatido por un grupo heterogéneo de voces o alrededor de una pregunta que sugiere una disertación colectiva; Granados la califica como “una forma imaginativa de enfrentar la curiosidad, de reformular una pregunta insuficientemente respondida”. La segunda, Editor, libros de menor formato que presentan narraciones en primera persona revelando los distintos procesos, largos e inesperados, que existen previo a la lectura. Memorias y ensayos dedicados a los múltiples oficios de la edición: crítica, retórica y filosofía literaria; creación, composición, traducción y edición. Para Jacobo, “que la editorial tenga estas distinciones muy particulares nos ha ayudado a transmitir la voz que queremos compartir”.

La tormenta perfecta

El estadounidense Don Winslow dice que las tormentas hacen surgir los recuerdos, igual que dejan cosas flotando en la playa. Jacobo recuerda que al principio, cuando enviaron a la imprenta el primer libro que iba a venderse en librerías, Lo infraordinario, le aterraba la idea de que el libro no se vendiera, que se quedara en sus cajas y así pasó algunas noches sin dormir.

Afortunadamente eso no sucedió y, después de esa pequeña tormenta, no ha vuelto a tener dudas sobre la editorial como proyecto. “Dudamos todo el tiempo para qué decidamos publicar un libro, a veces pasan meses o años mientras lo pensamos, lo analizamos o lo rechazamos. De diez o veinte libros que se nos ocurren, publicamos solo uno”, dice.

Con esto, en tan solo cuatro años esta joven editorial ha logrado ser rentable. ¿Cuántos ejemplares han publicado por título y de manera global? “Nuestros tirajes van de setecientos a mil quinientos ejemplares, aunque casi siempre son de mil. En total, en los cuatro años de la editorial, habremos publicado unos diez mil ejemplares distribuidos en once títulos. Quizá hemos facturado la mitad”, responden.

Actualmente ya exportan sus colecciones a España y esperan, próximamente, llegar a Suramérica. “Es algo que nos emociona mucho, más que nada porque tenemos muchos amigos lectores allá”, dicen.

Cuando se habla del futuro, este par de editores son contundentes: “Pensamos en él lo menos posible. Solo en términos prácticos. El azar nos emociona más”.Y rematan, “si la estructura es sólida, el azar luego es bienvenido”.El catálogo de esta casa editorial está lleno de escritores mexicanos y varios europeos. El descubrimiento de Esther Wolfson, los esfuerzos tremendos de compilar los textos de Regreso a la tierra, el dolor de cabeza que costó revisar Ilegible, el homenaje a la prosa de Jorge Ibargüengoitia, la posibilidad de leer el presente a través de Lo Infraordianario y las cosas comunes,  y el gusto por ensayar alrededor de un tema en particular, son parte de los éxitos de esta editorial cuyo gusto por condensar varias voces ya se ganó un lugar importante en la historia de la edición en México.

Ahora los lectores curiosos pueden reconstruir (una parte de) toda la historia del  taller editorial mexicano que en poco tiempo ha logrado construir una atmósfera de lectura, pues, para sus editores, Taller Editorial Gris Tormenta es eso: un refugio, un lugar cálido en el que uno se puede proteger de una tormenta. Ahora, los lectores pueden conocer los humores, temores y éxitos de esta editorial cuyo repaso es como sumergirse en una conversación infinita, y cuya historia mírese por donde se mire, comienza con una pregunta: ¿Por qué?

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