Stefan Zweig en los tribunales

Los derechos de autor constituyen uno de
los asuntos más procelosos en una editorial.
No respetarlos es comprar billete al mundo
de los problemas. Este año quedan libres de
derechos las obras de escritores fallecidos
hace ochenta años como James Joyce, Scott
Fitzgerald o Walter Benjamin. Pero querer atajar
amparándose en leyes extranjeras que nada
tienen que ver con el ordenamiento jurídico
español es dar un salto al vacío. No sale bien.

EDICIONES 98 ha publicado los Diarios del escritor de origen austríaco Stefan Zweig correspondientes a los años 1931- 1940, su década más convulsa, en la que comienza su huida hasta que decide suicidarse en Petrópolis (Brasil) el 22 de febrero de 1942. La edición de esos textos habría constituido una feliz noticia de no ser por la denuncia que ha presentado Acantilado que pide su retirada asegurando que los derechos son suyos.

Los derechos de autor constituyen uno de los asuntos más procelosos en el mundo del libro. En las últimas dos décadas se ha multiplicado el corpus legal que los ampara y ha germinado una copiosa nómina de expertos que se dedican a su defensa y su interpretación. Feo asunto cuando una editorial se ve envuelta en un problema legal de esa naturaleza. Ediciones 98, un pequeño sello domiciliado en Alcobendas y especializado en clásicos contemporáneos, invirtió los dos últimos años en preparar el libro. Ha hecho un buen trabajo. Los diarios, que jamás habían visto la luz, están traducidos con mimo y la edición, a cargo del editor Jesús Blázquez, ha sido cuidada con veteranía. El problema es que esos textos no son suyos. O al menos no son suyos todavía.

Acantilado tiene en Stefan Zweig uno de sus autores más queridos y rentables. Su fundador Jaume Vallcorba, fallecido en 2014, decía de él que “su mundo de ayer da mucha más luz sobre el hoy que cualquier ensayo actual”. La editorial barcelonesa retiene los derechos de Zweig hasta el 1 de enero de 2023 en que pasarán a dominio público. La editorial que ahora dirige Sandra Ollo le remitió una carta a Blázquez donde pedía que retirara una edición que violaba derechos que Internacional Editors, la agencia que vela por los derechos del autor nacido en Viena, reconoce solo a Acantilado.

El asunto entre Acantilado y Ediciones 98 ha tenido entretenida estos días a la industria del libro. El sello madrileño esgrime la ley británica, que establece un periodo de setenta años en lugar de ochenta (si el fallecimiento del autor es anterior a 1987) como lo hace la legislación española. Pero acogerse a la ley inglesa es un argumento precario. Lo era cuando Reino Unido formaba parte de la Unión Europea y había un cierto amparo jurídico entre los estados miembros, y lo es más ahora tras un brexit que aleja sendos ordenamientos.

Ediciones 98, que ha editado con exquisito gusto libros como Viaje a pie de Josep Pla, ha anunciado que publicará los diarios de otros periodos de la vida de Zweig. Pero la denuncia que Acantilado ultima a estas horas imposibilitará que ese trabajo vea la luz antes de 2023. Uno se pregunta: tanto trabajo ¡para qué! ¿No conocían los responsables del sello madrileño los derechos que legítimamente posee Acantilado sobre los textos del autor de Veinticuatro horas en la vida de una mujer? Es cierto: Todos quieren editar a Zweig. Pero los únicos que por ahora pueden hacerlo son Acantilado.

El sello catalán ha pedido a los libreros que rechacen la distribución del libro de Ediciones 98. Lo ha pedido la propia editora en una carta que les ha hecho llegar con su firma. Pero esa es una tarea que no corresponde a los libreros y sí a los órganos judiciales que tendrán que dirimir (previsiblemente pronto) la legalidad de la edición. La tarea de un librero es vender los volúmenes que los editores ponen a su disposición, no ejercer de fiscalizadores sobre la legitimidad o no de los derechos que penden sobre una u otra editorial. Acantilado, por cierto, mantiene que sus ‘legítimos’ diarios los editará este verano. Tres veces arrebataron su casa y su existencia a Zweig y ahora, quién se lo iba a decir, su obra honesta y esclarecedora acabará en despachos judiciales, entre abogados que quizá jamás hayan leído ni comprendido la profundidad de su prosa.

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