Preferiría sí hacerlo: La librería Bartleby de Valencia

Abre sus puertas en el barrio de Russafa, que durante los últimos años se ha convertido en uno de los centros culturales y de ocio de la ciudad mediterránea

Se podría escribir el canon de la literatura universal con nombres de librerías, desde la Dante & Descartes de Nápoles, la Shakespeare and Co. de París, o la madrileña Cervantes y Compañía, hasta la Foster & Wallace, en Vic, pasando por la porteña Kafka, o Pynchon, en Alicante. También hay una galaxia paralela de librerías que han encontrado su nombre en títulos de novelas: las Rayuela de Sevilla o de León o de tantas otras ciudades, la 1984 de Shangai, la Robinson Crusoe de Estambul. A esa galaxia pertenecen Bartleby and Co., la librería berlinesa especializada en cultura en español, la Bartleby de Vermont, Estados Unidos, o la de Valencia que nos ocupa. Proyectos que, aunque se inspiraran en el relato de Melville o en la ficción metaliteraria de Enrique Vila-Matas, prefirieron sí hacerlo. 

“La librería se inauguró en junio de 2013, en torno al 15 de ese mes”, recuerda Luci Romero, librera y propietaria junto a David Brieva, “con la idea de aunar en un mismo espacio nuestra pasión por la literatura y los cómics, y en esa especialización radica nuestra singularidad”. Se han mantenido fieles a ese ideario inicial, con una agenda muy nutrida de eventos librocéntricos, pero con el vino, la música o el teatro orbitando a su alrededor. Presentaciones expandidas que han provocado que los libros más vendidos en la historia de la librería hayan sido todos ellos protagonistas de eventos. Bueno, todos menos uno: “La excepción que confirma la regla es la obra de Paco Roca, y concretamente La casa, publicada por Astiberri, cuya capacidad de arrastrar al universo de la novela gráfica a lectores de todo tipo encaja muy bien con nuestra filosofía y nuestra selección”.

Bartleby se encuentra en el barrio de Russafa, que durante los últimos años se ha convertido en uno de los centros culturales y de ocio de la ciudad mediterránea. La librería está rodeada de bares, restaurantes, tiendas de diseño y talleres de artistas. Y sus clientes conforman “una comunidad bastante amplia de creadores y agentes culturales entre los que hay escritores, autores de cómic, ilustradores, poetas, músicos, artistas y un largo etcétera”. Muchos de ellos, junto con los profesionales de otros sectores que son además buenos lectores y creen en el comercio de proximidad, se han vuelto además amigos. Una amistad que se hizo particularmente evidente el año pasado, cuando tras el confinamiento acudieron en masa a comprarles libros.

La pandemia ha afectado su compulsiva organización de actividades: “Hemos pasado de realizar una media de unas cuatro actividades a la semana a ninguna desde el mes de marzo, y parece que así va a continuar por algún tiempo, pero hemos establecido acuerdos con otros centros culturales para llevarnos allí los libros y poder realizar algunas presentaciones y tenemos otras ideas igualmente alternativas, pero de momento la cosa está difícil”. Por suerte hay un consistente apoyo de los sospechosos habituales. E iniciativas tan valiosas como “Sentim les llibreries”, impulsada por la escritora y comisaria María Bastarós (Historia de España contada a las niñas, Fulgencio Pimentel), con el apoyo de muchos lectores y lectoras valencianos, entre otros David Pascual (Gordo de Porcelana, Temas de Hoy), Alberto Torres Blandina (Jávea, Candaya) o la propia Luci Romero (que es también poeta, autora de libros como Western, Delirio). Consistió en la creación de un gran amigo invisible literario, que consiguió vender dos mil libros a mediados del año pasado en locales de toda la ciudad.

Esa red local, muy activa, hace que circule una gran energía creativa entre las distintas librerías de Valencia. En los últimos tiempos, a las excelentes Bartleby y Ramon Llull se le han sumado otros locales dinámicos y sexis, como Bangarang o La Primera. Como dice Luci: “Tenemos contacto permanente con otros libreros, tanto de Valencia como de otros lugares, y nos vemos habitualmente para comer, debatir y quejarnos (que es un rasgo distintivo del librero)”. En nuestra era de redes sociales, la conversación se expande. De hecho, desorientada por el scrolling de Twitter, Facebook o Instagram, mucha gente entra pensando que lo hace en la Bartleby and Co de Berlín.

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