Paulo Cosín: “No podemos competir si solamente enfocamos la lectura hacia el entretenimiento”

Paulo Cosín Fernández es un editor que comparte el placer de hacer libros y leerlos con el de escribirlos. Y escribe de lo que conoce bien, en parte por su actividad al frente de Ediciones Morata. Cosín –que es también vocal de la Federación de Editores de España y miembro del comité organizador de la Feria del Libro de Madrid— ha publicado el libro ¿Para qué leer? (Morata) en el que aborda el modo de afrontar el fomento de la lectura sobre todo entre jóvenes y adolescentes, todo un desafío que trae de cabeza a los expertos y al que este volumen aporta una visión original.

—Parece un título simple, pero no lo es. ¿Para qué leer?

—Hay que empezar explicando cuatro ‘para qués’. El primer para qué es para no ser manipulados. Es decir, todos somos influenciables, pero no nos gusta que nos manipulen y una manera de evitarlo es a través de la lectura. Otro del que hablo también durante un capítulo completo es para que podamos expresar nuestras emociones. Para eso significa conocer cuáles son, que las podamos identificar y expresar y conocer las emociones de los demás. Luego está que la lectura es un diálogo, lees y dialogas con el autor porque él está produciendo ese diálogo interno, que se enriquece cuando lo compartes. Entonces otro los para qués es para dialogar con los demás, y también a veces leemos para los demás. Y luego hay un último para qué, un poco más trascendente, que va muy relacionado con la identificación de este libro hacia los jóvenes y adolescentes, que es justamente encontrar nuestra identidad. A través de la lectura vamos a dar sentido a qué hacemos en este mundo y para qué estamos en él. 

—¿Y pará qué ha escrito este libro?

—Lo he escrito para poder transmitir estos conocimientos a otros y que al final redunde en esas reflexiones que puedan llevar a generar inquietudes en los adolescentes y los jóvenes para que puedan abrir un libro.

—En su libro dice que leer también nos humaniza. ¿Siempre ocurre esto? 

—No, no siempre. Lo que digo es que la lectura es una característica exclusiva del género humano. Es decir, nosotros tenemos a nuestra disposición, a diferencia de los animales, la posibilidad de leer, escribir y comunicarnos. Si nosotros orientamos bien esta capacidad de comunicación, si el para qué lo tenemos claro, tenemos una gran herramienta que nos puede ayudar a ser más felices, pero no todo el mundo la utiliza con el mismo sentido. Algunos la utilizan únicamente como instrumento de poder, para instrumentalizar y tratar al otro como un objeto. Tiene que haber un plan de lectura que nos haga humanos, porque es una condición que nos puede humanizar, pero también nos puede deshumanizar. 

—¿Se lee por placer o por necesidad?

—Aquí distinguimos leer por placer de leer por entretenimiento. Tengo un capítulo que se llama Leer por placer, que investiga en qué consiste leer por placer y cómo durante la Historia llegamos a hacerlo, que es con Maquiavelo, el primer punto en la Historia donde se busca una lectura placentera. Entonces explico qué es la lectura por placer y cuando preguntamos en el estudio de hábitos de lectura resulta que se lee fundamentalmente por entretenimiento. Y ahí viene la cuestión de la evasión, de lo que pasa con los jóvenes y adolescentes. Para evadirnos tenemos miles de maneras y no podemos competir si solamente enfocamos la lectura hacia el entretenimiento, aunque esté muy bien.

—¿Puede un libro competir entre los adolecentes con una serie de televisión como ‘Euphoria’, a la que cita en el libro?

—Es una serie que esté en la segunda temporada y que consigue 2,4 millones de espectadores. Eso es un récord. Lo que explico en el libro es por qué el cine nos fascina, qué tiene el lenguaje audiovisual para fascinarnos. Tenemos que saber que esto nos puede hipnotizar y entonces ser capaces de tener un valor crítico. Cuando estás fascinado por lo que sucede, pierdes la perspectiva. Por eso hay que leer, hay que comprender. Si los adolescentes están en el cine, vale, tenemos que ir al cine y generar un diálogo, un debate y a partir de ahí generar una inquietud y acabar en la lectura.

—Usted titula un apartado del libro preguntándose si vale más una imagen que mil palabras. ¿Cree que es así?

—Creo que es muy importante valorar, igual que el cine, todo lo artístico. Cuando hablo con chicos, todo el mundo está de acuerdo con que vale más una imagen que mil palabras.  Entonces les explico que las imágenes son fantásticas. Una obra de arte crea una belleza y una estética y eso, como somos seres emocionales, nos produce una emoción. ¿Pero qué sucede? Que la que tú tengas o la que yo tenga va a ser distinta. Si tú estás viendo una puesta de sol y estás con tu novia puede generar un ambiente muy romántico; pero si resulta que a mí se me ha muerto mi madre y estoy viendo esa puesta de sol, la misma imagen a mí me va a generar nostalgia y tristeza. La única manera en la que tú puedes expresarme lo feliz o lo triste que eres en esa puesta de sol es a través de la expresión verbal. Las imágenes son lo que nosotros interpretamos y son subjetivas. Y esa subjetividad nos la da la comprensión de nuestro estado emocional y sólo podemos contárselo a otros a través de las palabras, que las aprendemos a través de la lectura.

—¿Encuentra alguna fórmula efectiva para que los adolescentes lean?

—Siempre se quiere fomentar la lectura desde la lectura. Y no hay que fomentarla desde la lectura, sino desde el diálogo, desde el debate. Si nos fijamos otra vez en el estudio de hábitos y miramos cuándo se lee de manera por placer voluntaria en esa franja de edad, resulta que no se hace en el aula. Entre lectores de 14 a 24 años, el 96,6 por ciento dice que en su casa y un 15 por ciento en el centro de estudios. No hay una lectura en el aula, no hay tiempo. Hay que generar un diálogo, un debate, hablar de cine, hablar de teatro, interpretar roles, actividades… Si empiezas por ahí, generas inquietudes y a partir de ahí generas círculos de lectura, clubes de lectura, pero nunca lo están enfocando así.

—¿Hay que entrenar la lectura?

—Sí, por supuesto. El primer concepto que quiero dejar claro es que esto es propio del ser humano. Tenemos estas posibilidades y las tenemos todos. No hay unos que puedan leer y otros que no, pero para que tú puedas tener una habilidad de lectura debes tener varias cosas y lo comparo con lo mismo que es necesario para tener una habilidad deportiva a través de un libro que se llama El aprendizaje experto [de Gordon Stobart]. Tienes que tener al menos el producto, los libros. Tienes que tener alguna motivación; sin ella, no tienes nada. Tienes que reflexionar sobre lo que estás haciendo. Cuando juntas los multiplicadores, pones en marcha la lectura, pero es un hábito, algo que realizas con una frecuencia. Si desaparece esa frecuencia, desaparece esa habilidad y otra vez a empezar. Es importante que además entendamos que leer no es leer una vez al mes, porque si yo corriera una vez al mes, nadie diría que soy un corredor. 

—En el barómetro de la lectura se habla de lectores frecuentes como aquellos que leen como mínimo una vez a la semana. ¿Ese baremo está bien planteado o debería modificarse?

—Con estos baremos tienes que ser muy riguroso, sobre todo cuando es una investigación que haces a lo largo de los años. Cuando se pregunta cuánto se lee, como no hay lectores diarios, vas viendo lectores semanales, lectores mensuales. La cuestión es que teniendo el dato, lo que se hace es agrupar. Yo intento que la gente se aclare con lo que es cada uno de los conceptos de ese estudio, que es una secuencia que es importante mantener. Y a partir de ahí explico que el lector realmente, al igual que pasa con un corredor, debería ser el lector diario. Lo que pasa es que nos conformamos con que si lee esto, ya lo llamamos lector, porque hay un 35,6 por ciento que no lee un libro. Me dirijo a esos, a los que no leen, para atraer a la lectura.

—¿Y a quién se dirige cuando insiste en el pacto social por la lectura? 

—En el pacto social intentamos movilizarnos desde la Federación de Editores y Fedecali a través de los organismos políticos, del Ministerio de Cultura. Lo que sucede es que en la política no es fácil llegar a acuerdos globales, porque tenemos Cultura y tenemos Educación, pero luego tenemos las distintas comunidades autónomas y tienen otras prioridades ahora mismo, prioridades políticas. Hay que poner a mucha gente de acuerdo, y ahí es cuando me di cuenta de que es muy complicado esto de la política. Entonces he iniciado mi propia campaña. No sé hasta dónde llegaremos, pero sé que tarde o temprano tendremos un pacto social que será político, de sector y de todos los lugares. Puede parecer un poco ilusorio, pero por qué no pensar a lo grande. Una vez que haya un pacto desde la parte social, los políticos se engancharán.

—Hay un plan de fomento de la lectura del ministerio aprobado. ¿Sería un punto de partida?

—Es un plan que se hace anualmente y este año se repite como uno más. No es todo lo que querría la Dirección General, ni lo que querríamos todos. Tenemos que ser mucho más ambiciosos y esta no es fácil a veces de conseguirlo en política. 

—¿Y cuál fue su experiencia de iniciación en la lectura?

—Más que el entretenimiento, siempre me ha interesado más el conocimiento. No me gusta mucho el mundo de ficción, salvo en algunos momentos, sino que lo que me gusta es aprender. Siempre he leído libros, digamos, más enciclopédicos o historias. Yo recuerdo que uno de los primeros libros de mayor tamaño fue Viven, me llamaba mucho la atención la supervivencia, y como soy deportista, la montaña. A partir de ahí he seguido leyendo y, sin embargo, no he leído mucho de ficción y eso que mi libro preferido es El libro de la selva

—¿Qué libros cree que les interesan a los jóvenes? ¿Les recomendaría alguno?

—No, no me gusta recomendar ningún libro a jóvenes. Cada uno tiene que buscar el que quiera y hay que explicarles que no hay una única comprensión de un libro.  Y tampoco hay un único libro que se pueda recomendar. Estamos muy acostumbrados a los rankings. Pasemos de rankings. Coge el que te dé la gana, ábrelo, compártelo, coméntalo con alguien y luego buscas otro. 

—¿Qué papel siente que juega como pequeño editor dentro de todo este debate del libro?

—Yo hablo de la importancia del pensamiento crítico. Y este se consigue cuando sales de la norma, igual que la creatividad, y la manera de salir de esa norma es a través de la diversidad. Yo defiendo la bibliodiversidad, que se consigue con muchos editores que publicamos cosas muy distintas, porque no solo no vamos a un público de masas, sino que vamos a un público diverso. 

¿Para qué leer?

Paulo Cosín. Morata. 17,80 € (160 p) ISBN 978 841838192 8

El autor analiza los mecanismos que motivan la lectura y propone fórmulas para que los jóvenes y adolescentes se inicien en este hábito, más allá del entretenimiento. Leer, recuerda, es una capacidad exclusiva de los seres humanos que lleva a la evasión, al conocimiento y a la reflexión, pero, sobre todo, a un diálogo con el que encontrar la razón de la existencia.

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