Los escasos libros

No se edita demasiado, es que se compra poco. No hay muchos títulos, lo que faltan son compradores

En 1972 el ensayista mexicano Gabriel Zaid publicó Los demasiados libros, un título que se convirtió inmediatamente en referencia editorial. Señalo esto porque en España se ha generado un mantra, tanto entre profesionales como público lector, que viene a decir que España edita demasiado, y se asigna inmediatamente la referencia a sobreproducción. Pues bien, yo soy de la opinión contraria.

Un vistazo a la producción editorial desde año 2008 nos muestra una fuerte estabilidad e incluso con una ligera tendencia a disminuir. Y si retrocedemos veinte años veremos que los datos de 2019 son incluso muy similares, y con alguna área de edición disminuyendo.

España edita mucho o poco, según se mire, porque tiene un enorme mercado en Iberoamérica y su mercado interior es muy pequeño. Somos la cuarta potencia editorial del mundo por número de novedades, pero dicho esto vamos a partir de la cifra de producción de 2019, es decir, de 60.740 títulos nuevos en papel. Dejaremos fuera la edición de 21.607 títulos en formato digital, pues se debe presuponer que es un contenido ya editado previamente en papel.

Luego tomamos 60.740. A esta cifra le vamos a restar 12.742 libros de texto. Le restamos también 4.746 libros de bolsillo. Le restamos también 1.651 títulos de autores/editores que editan un solo libro. LA cifra queda en 41.601 libros. O dicho de otro modo: Nueve títulos por cada diez mil habitantes.

Siendo todavía más precisos se podrían restar más cosas, pensemos que la cifra de 60.740 no aclara cuántas reediciones incluye, ni libros que no se piensan para el canal comercial y las librerías. De hacerlo, la cifra menguaría todavía más.

Pensemos además que es bastante frecuente que un libro que funcionó mal y del que se tienen existencias, se retape con una cubierta nueva y se vuelva a poner en circulación en el canal. La idea final de esto es que la solicitud de ISBNs se puede segmentar para ver la realidad de lo que se produce.

Lo importante es que no hay demasiados libros, lo que faltan son compradores. No hablo de lectores pues para mí no son sinónimos. En Alemania hace año y medio hicieron un estudio de medición del número de compradores de libros (Study on the book industry “Book Buyers – quo vadis?), detectaron la pérdida de 5.000.000, y se pusieron a pensar en cómo recuperarlos. Pensemos que es un mercado de 9.130 millones de euros y 71.548 títulos. En ese mismo estudio se puede ver que cada alemán compra doce libros al año y gasta 137,4 euros. En paralelo, en España se compran 3,4 (incluyendo texto) y se gastan 20 euros en libros no de texto.

Pensemos que la influencia de las ICC (industrias culturales y creativas) es de algo más del tres por ciento en el PIB del país, y que un treinta y cuatro por ciento es creado por la edición, con una balanza comercial exterior muy positiva, recibiendo del Estado tan sólo el 0,64% del presupuesto global. Estos últimos datos son de Antonio María Ávila, secretario de la FGEE, que en cuestión de cifras suele ser muy preciso y certero. Se puede afirmar con rotundidad que es el sector productivo menos subvencionado de España.  

Lo que se constata es la nueva distancia entre productos y consumidor. Estamos ante un mercado hiperfragmentado en el que mientras el valor de muchos contenidos tiende a cero, los nichos tienden a uno. Es la hipotética y falsa sobredimensión de la oferta lo que no deja ver que el problema está en la compra.  Internet y la tecnología han potenciado la hiperfragmentación del mercado, tanto en la oferta como en demanda, fragmentando más si cabe al público en grupos de afinidad que cambian casi en el mismo momento en que son identificados. Esto lleva a la idea de que no habrá una economía de los contenidos sino una economía de la atención. Estamos ante la cultura del nicho que está transformando el panorama social. Las personas se están reagrupando en miles de tribus de interés cultural, menos conectadas por la proximidad y el trabajo que por los intereses compartidos.

Ante lo que es un valor de bibliodiversidad cultural y editorial que nos engrandece como marca país, pensemos que traducimos más del doble que la mayoría de países anglosajones. Hablar de que se edita demasiado es dispararnos en el pie y hacernos trampas en el solitario. El valor bibliodiverso de la producción editorial española es un activo cultural de primer orden. No debemos convertirlo en un problema.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *