Las bibliotecas echan los muros abajo

España cuenta con una red de 4.622 bibliotecas públicas que tratan de adaptarse al empuje de las nuevas tecnologías y de conectar con los más jóvenes

Los libros no están hechos para quedarse en las estanterías. Ni siquiera para permanecer entre cuatro paredes aún siendo leídos. Quieren salir a la calle y buscar lectores o llamar a estos para que acudan a sus salas de una forma distinta a lo que estaban habituados. Derribar muros para que todos quepan dentro. Quieren relacionarse con la música, el arte, las redes sociales o los videojuegos. Quieren formar parte de un ambicioso plan, que consiste en la expansión del conocimiento, mantener un lugar de privilegio junto con las nuevas tecnologías. Quieren atravesar las paredes de esos edificios llamados bibliotecas y que no están hechos para encerrar el saber, sino para expandirlo. Y las bibliotecas recogen el guante y hablan de ser una parte importante en las comunidades entre las que habitan.

“Hay que pensar el modelo de biblioteca pública, mirarla no solo como algo cultural, sino como algo social que está en el territorio y puede generar oportunidades, porque ahora hay muchas desigualdades”, afirma la consultora, bibliotecaria y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (Fesabid), Alicia Sellés. Y este nuevo modelo va a ser uno de los ejes del debate del X Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas que se celebra en Las Palmas de Gran Canaria este mes de noviembre y cuyo lema es El desafío de la transformación. 

¿A qué transformación se refiere? La directora general del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura, María José Gálvez, cree que hay un proceso de renovación en estas instituciones. “En los últimos años las bibliotecas están cambiando de paradigma: el acceso a la lectura es el pilar básico en el que se asientan las bibliotecas y, sin embargo, han evolucionado hasta configurarse como espacios abiertos a la comunidad funcionando como punto de encuentro ciudadano y de intercambio cultural”, señala Gálvez. 

La directora del Biblioteca Pública del Estado de Salamanca, Ramona Domínguez Sanjurjo, que participa como ponente en el Congreso en una mesa redonda sobre transformación social, cree que este es un objetivo claro que define la tendencia actual. “Lo ideal sería que distintos de grupos de población pudieran encontrar en la biblioteca ese lugar donde hablar y debatir”, indica. Defiende también la tradicional labor de cuidar las colecciones, pero apuna que es evidente que en la actualidad el concepto de biblioteca ha superado ese mero objetivo.

Evolución e intercambio

La evolución de las bibliotecas refleja una ambición mucho mayor. “Hay que fomentar ese conocimiento del otro; de otras formas de vida y pensamiento en un intercambio en el que creo que se fundamenta el desarrollo”, añade Ramona Domínguez, que fue coordinadora del grupo de trabajo sobre Biblioteca Social creado en el Ministerio de Cultura y del que surgió un decálogo sobre estas nuevas formas de trabajar. “Conocer lo distinto es algo que favorece conocerte a ti mismo y cambiar; saber que la tuya es una de las muchas formas de vivir que hay”, dice la directora de la biblioteca salmantina, que añade que ya se lleva tiempo trabajando en este sentido y “ahora todavía con más énfasis”.

A ello se añaden otras funciones de las bibliotecas que quizá le alejen también de su labor centrada en colección y préstamos, pero que son muy útiles para lo que se denomina crear comunidad, como los talleres para impulsar el uso de la tecnología e impedir que haya ciudadanos que en este sentido se están quedando atrás. 

La Dirección General del Libro es la organizadora —en colaboración con el Gobierno canario, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria— de un congreso que pretende reflejar la situación actual del sector, los retos que tiene y, como no en estos tiempos, el resultado de una pandemia que ha trastocado a todo el país. Es también, al igual que tantas ferias y reuniones de todas las actividades económicas y sociales, una cita de reencuentro y, como marcan los tiempos, a medio camino entre lo virtual y lo presencial. María José Gálvez subraya, tras recordar el doloroso cierre al que obligó la cuarentena, que la reacción de las bibliotecas no se hizo esperar. “Adaptaron con rapidez herramientas virtuales que ya estaban utilizando e integraron otras nuevas para poder seguir ofreciendo un servicio necesario para la ciudadanía”. 

Dudas sobre la pandemia

Más dudas surgen en parte del sector. Precisamente sobre los efectos de la pandemia se desarrolló uno de los debates suscitados dentro de la reciente Feria Liber, celebrada este año en Madrid. “El ciudadano percibió que las bibliotecas se cerraron, pero si les preguntaran no tendrían muy claro cuál ha sido el papel de estas durante la cuarentena”, dijo en uno de los debates Carme Fenoll, bibliotecaria y directora del Área de Cultura y Comunidad de la Universitat Politècnica de Catalunya. De modo que habría que recoger la opinión de los ciudadanos, y no sólo la de los bibliotecarios, para saber cómo se ha reaccionado, no únicamente para analizar el pasado. “Tendríamos que hacerlo porque podríamos encontrarnos el año que viene en otra situación como esta”, añadió. 

“Si hay algo que hemos hecho muy bien las bibliotecas públicas ha sido gestionar la subsistencia y en este momento hemos vuelto a hacer lo mismo”, dijo en el mismo debate Fernando Juárez, de la Biblioteca de Muskiz (Vizcaya) —pionera en el uso de nuevas tecnologías— y miembro también de la junta directiva de Fesabid. “Ha sido una especie de sálvese quién pueda cómo pueda”.  Eso no impide que Juárez subraye el carácter resiliente de las bibliotecas públicas. “En el 2008 nos cortaron los presupuestos; en el 2020 nos han cerrado la puerta y aún así hemos subsistido”. 

Durante la pandemia creció de forma acusada eBiblio, el servicio de préstamo de libros electrónicos. eBiblio comenzó a funcionar en septiembre de 2014 y durante el 2020 llegó a todas las comunidades autónomas, a excepción del País Vasco, que cuenta con su propio servicio de préstamo de libros electrónicos gestionado totalmente de forma pública, eLiburutegia. Las cifras que arrojó el año pasado eBiblio son muy elevadas y llegó a crecer un 120 por ciento en el número de usuarios únicos y un 119 por ciento en el de número de préstamos. En cuanto a eLiburutegia, que hace un trabajo especial para promover la lectura en euskera, reflejó un comportamiento similar disparándose su uso en marzo, abril y mayo. 

No solo en el asunto de la cuarentena se ha revelado que hay una falta de entendimiento en el conjunto del sector. De hecho, el análisis es muy compartido, pero quizá falta una acción conjunta. Alicia Sellés —que participa como ponente sobre políticas de inclusión en el Congreso de Las Palmas— añade que se trata de consensuar y que se impulse y se invierta y para dotar ese modelo de biblioteca. “Buscamos un lugar de encuentro donde todo tiene cabida, pero luego entras en una biblioteca y solo ves mesas y sillas para estudiar. Ahí no todos los colectivos tienen cabida”. 

Más que un edificio

La biblioteca tiene que crear comunidad. “Somos más que un edificio, somos una comunidad de lectores, trabajamos más allá del libro en papel, trabajamos la escritura, no tanto de enseñar a escribir, sino para dar la voz a nuestros usuarios”, dice Gemma Lluch, catedrática de la Universitat de Valencia donde se ha puesto en marcha el proyecto de investigación ERI-Lectura, y que también participó en los debates de Liber. 

En España hay 4.622 bibliotecas públicas, según los datos del 2019 del Ministerio de Cultura, y entre todas sus colecciones suman noventa millones de documentos. De ellas, 53 forman parte de la Red de Bibliotecas del Estado, otras 53 pertenecen a las comunidades autónomas, 13 son privadas y 4.503 son de los ayuntamientos. El informe anual recoge 17 millones de usuarios inscritos, aunque los prestatarios activos se quedan en 3,9 millones. 

La red podría parecer suficiente para atender a la población. “Las bibliotecas públicas están pensadas para el cien por cien de la población, pero todos sabemos que sólo tres de cada diez acuden a ellas”, dice Fernando Juárez. Ahí está otro de los grandes desafíos, atender a la población a la vez que ganar nuevos usuarios, evitar que los adolescentes las abandonen incluso tras haber pasado parte de su infancia en ellas. Las iniciativas para este colectivo se suceden y han aparecido propuestas interesantes como la biblioteca para jóvenes Cubit del Ayuntamiento de Zaragoza, que se muestra orgullosa de haber proscrito el silencio en sus salas. 

Bibliotecas y arquitectura

El reto es, añade Alicia Sellés, que “la biblioteca salga de las paredes, al tiempo que defendemos también las paredes”. La biblioteca como espacio físico no decaería, quizá perdería relevancia en la visión global, pero sigue siendo importante. La Biblioteca de Navarra, premiada por el apoyo al fomento de la lectura en la última edición de Liber consiguió llegar hasta su actual volumen de iniciativas desde que pudo contar con un edificio acorde a sus necesidades en Pamplona. Además, las bibliotecas se han convertido en una pieza codiciada de la arquitectura en las ciudades. En ocasiones sirve para recuperar patrimonio histórico, como La Casa de las Conchas de Salamanca o El Alcázar de Toledo; en otras la obra nueva tiende a elementos contemporáneos, como la Biblioteca Pública del Estado de Ceuta o la Biblioteca de Andalucía en Granada. Son solo algunos ejemplos que ponen de manifiesto que pese a redes sociales y nuevas tecnologías, el espacio físico sigue importando. Y mucho. Todo ello aunque en España no haya ninguna “biblioteca de revista”, en expresión de la presidenta de Fesabid, con la espectacularidad de las que hay, por ejemplo, en ciudades del norte de Europa como Oslo y Helsinki.

De modo que desde los nobles salones de la Biblioteca Nacional de Madrid hasta el bibliobús que recorre las carreteras comarcales se enfrentan a unos retos que son los que el congreso de Las Palmas quiere abordar, siempre con las necesidades presupuestarias por medio, que no son pocas. En el último estudio presentado por Fesabid en 2019 Las bibliotecas públicas en España: diagnóstico tras la crisis económica, elaborado por Natalia Arroyo Vázquez, Hilario Hernández Sánchez y José Antonio Gómez Hernándezse analizaba el impacto en los presupuestos y el resultado no indicaba grandes cambios.  Se habla de unos gastos globales en 2016 de 463,22 millones de euros, una cifra solo ligeramente superior a la de 2010 y sustentada en gran medida en los ayuntamientos. Desigualdades hay entre territorios en cuanto a las infraestructuras y situación del colectivo de bibliotecarios, que necesita que se tenga en cuenta una mayor cualificación y mejorar sus condiciones laborales. 

La solución de los bibliobuses

Además, no es lo mismo vivir en una zona rural, donde igual no hay bibliotecas ni en el pueblo donde se habita ni en los vecinos, que hacerlo en Barcelona o Madrid. Uno de los intentos de corregir estos desequilibrios son los bibliobuses, pero su servicio varía mucho dependiendo de unas y otras zonas. En España hay 75 bibliobuses recorriendo pueblos y, en ocasiones, barriadas de ciudades importantes sin punto fijo de biblioteca. Parecen pocos, pero el número de población a la que atienden es muy elevado. “Atendemos al 25 por ciento de la población total que cubren todas las bibliotecas”, señala el presidente de la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles de España, Roberto Soto, que es también jefe de sección y coordinación de bibliotecas de la Diputación de León.  

Pero fuera de los datos, Roberto Soto recuerda que los bibliobuses son “una fuente de empatía y alegría que pocas veces se percibe en los servicios públicos”. La llegada de estos autobuses a los pueblos se convierte en una fiesta. “Es como un arco iris de colores, una puerta a todo lo que les está vedado”, añade Ricardo Soto. 

Pero igual que los edificios, tampoco las cifras de bibliobuses arrojan mucha igualdad y dependen de los territorios. De los 75 bibliobuses que hay, treinta (el cuarenta por ciento) funcionan en Castilla-León. En cualquier caso, hay 2.008 municipios en España que disfrutan de este servicio, aunque siga sin llegarse con ello al cien por cien de la población. “Para conseguirlo haría falta más personal y más autobuses”, añade Soto.

La biblioteca para la integración

No es el único ejemplo de cómo las bibliotecas bajan a la arena para lograr el acceso a sus servicios de colectivos que de otro modo no lo tendrían. En el sureste de España funciona una de las iniciativas a la que se han dirigido muchas miradas. Y lo hace en Purchena, un pequeño municipio de la provincia de Almería, donde se creó la iniciativa Biblioteca de Acogida. “Es un lugar de encuentro para los jóvenes menores inmigrantes, un lugar para que se integren con jóvenes de la localidad”, explica el bibliotecario Manuel Sola.  El objetivo va dirigido fundamentalmente a los jóvenes de los tres centros de menores que hay en el municipio, dos de ellos destinados a inmigrantes. “Son menores que han venido en patera a las costas de Almería y también a la de Granada. No tienen referentes adultos, algunos van al instituto y muchos de ellos no tienen relación con la comunidad”, añade Sola. 

Por ello se puso en marcha el programa Biblioteca de Acogida a través de una serie de talleres que van más allá de la lectura e incluyen todo tipo de actividades culturales. “Están junto a los chavales de Purchena porque lo último que queríamos era un gueto. Y hay que dejar claro algo, no ha habido ningún problema de convivencia a pesar de que haya algunos interesados en decir todo lo contrario”, añade Manuel Sola. 

Los perfiles varían mucho. Hay menores que proceden del norte de Marruecos que conocen el español, pero luego hay otros que llegan desde otras zonas del Magreb o el área subsahariana que no hablan nada de este idioma. Por tanto, los talleres de español son una de las piezas iniciales de este contacto. Luego hay talleres ya conjuntos de actividades como música, grafiti, videojuegos o fotografía.  “Uno de los que más éxito tiene es el de redes sociales, a cualquier chaval les gusta aprender a manejarse en TikTok o en Instagram”. 

Proyecto para personas mayores

Un colectivo, además de los jóvenes, sobre el que también abundan los proyectos de las bibliotecas es el de las personas mayores. La biblioteca de Soto del Real (Madrid) puso en marcha en plena pandemia el proyecto Cuentos por teléfono destinado a personas mayores ingresadas en residencias, incluyendo también a otras que viven solas en sus domicilios con problemas para leer. Juan Sobrino, bibliotecario de Soto del Real, explica que todo empezó en 2013 con el programa Biblioterapia para mayores, con el que iban a las residencias y además animaban a los que pudieran a que fueran al centro. En 2015 se creó un cuerpo de voluntarios y en 2020 llegó la pandemia, con lo que ir a residencias se volvió imposible. 

Tras unas primeras semanas de inactividad se decidió en mayo retomar el programa de otro modo y así nació Cuentos por teléfono —en honor al libro del escritor y pedagogo italiano Gianni Rodari—. Se trataba de llamar a las personas mayores y contarles un cuento, sí, pero también interesarse por ellos de alguna forma, que tuvieran contacto exterior pese a las limitaciones de la pandemia, que además golpeó a las residencias con especial virulencia. Ahora que las restricciones se han relajado, el programa se mantiene y cuenta con treinta voluntarios. 

Juan Sobrino recuerda que no es el único programa que se realiza desde la biblioteca de Soto del Real. Ahí está Libros que saltan muros, pensado para los reclusos del centro penitenciario de este municipio; o Leyendo con mi mejor amigo, dirigido a niños y su relación con los perros. No es el único, pero sí que Cuentos por teléfono ha dado una amplia notoriedad a la biblioteca. Se hizo viral tras unos reportajes en la prensa y Juan Sobrino llegó a ser nombrado por la revista Forbes como uno de los cien españoles más creativos durante la pandemia. Además. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó a citar este programa en su cuenta de Twitter. 

Fomento de la lectura hasta en farmacias

Las iniciativas de fomento a la lectura se suceden por todo el país y a veces en lugares muy ajenos en principio a las bibliotecas. En Las Palmas de Gran Canaria, sede del congreso, se puso en marcha la campaña Farmalibro. Píldoras Litetarias, que promovía las lecturas en espacios tan cotidianos como las farmacias. “Se trata no sólo de fomentar la lectura, sino también de llegar a lugares donde habitualmente no estamos”, explica Claudia Rodríguez Cubas, de la Red de Bibliotecas Municipales de Las Palmas de Gran Canaria. Consiste en carteles de promoción de la lectura que se han colocado en una cincuentena de farmacias de la ciudad. Comenzó el pasado mes de julio y cada mes o mes y medio modifica la cartelería dedicándose a un segmento de libros determinado. 

“Un uso adecuado de estas lecturas causa carcajadas, risas y obtención de enormes beneficios para la salud”, indican, por ejemplo, los carteles dedicados a los libros de humor.  “Busca refugio en estas historias que podían ser las tuyas. Sus protagonistas están en plena revolución hormonal”, reza el dedicado a la literatura juvenil e infantil. 

“Esta campaña se ha hecho con cuidado de no meternos en el campo médico, psicológico o terapéutica”, añade Claudia Rodríguez. Todas estas experiencias reflejan la importancia de las bibliotecas en un contexto en el que además todo el sector del libro y la Administración quieren promover un Pacto por la Lectura. “Es importante poner el acento en que las bibliotecas son las únicas instituciones a través de las cuales los ciudadanos pueden acceder a la lectura en condiciones de gratuidad e igualdad”, dice la directora general, María José Gálvez.  Por ello se colocan de forma prioritaria en la Agenda 2030, la hoja de ruta para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la ONU y que se basan, recuerda Gálvez, en la educación de calidad, la igualdad de género, la reducción de las desigualdades o la creación de ciudades y comunidades sostenibles. Casar estas grandes palabras y ambiciosos objetivos y el día a día de los bibliotecarios en su lucha por fomentar la lectura como una forma de crear comunidad en su entorno es el reto que exige la transformación de la que habla el lema del X Congreso de Bibliotecas Públicas de Las Palmas de Gran Canaria. Tomen la palabra. 

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