Jesús Badenes

Director general de la División Editorial  del Grupo Planeta

“El libro en papel seguirá siendo mayoritario esta próxima década”

JESÚS Badenes es uno de los nombres más poderosos de la industria del libro en lengua española. Por él pasan los gustos, las novedades, las tendencias y buena parte de aquello que llega a las manos del lector. Es director general de la División de Librerías del Grupo Planeta y desde su despacho en Barcelona otea con moderado optimismo el futuro inmediato de la industria editorial a pesar de los tiempos complejos que la crisis sanitaria ha traído consigo. Badenes pronostica una larga vida al libro de papel, pide no solo un Pacto por la Lectura sino también un pacto para las librerías y advierte como un oráculo al que escuchar sin desmayo: “El gran cambio en la industria del libro es el desarrollo del comercio electrónico”.


 La pandemia y la crisis sanitaria nos obliga a preguntarnos por las consecuencias que ha tenido en la industria del libro. ¿Cómo han vivido las editoriales del Grupo Planeta un momento tan complicado?

Con preocupación, fundamentalmente derivada de cuestiones sanitarias, respecto a los seres queridos. Y respecto al terreno profesional como un reto transversal que nos ha exigido adaptar nuestras condiciones de trabajo y nos ha permitido seguir trabajando con relativa normalidad al servicio de nuestros autores y lectores a través de todos los canales de distribución disponibles en cada momento. Ha sido también un campo de pruebas, en el sentido de que los temas de interés del momento han cambiado con respecto a tiempos anteriores.

 Los lanzamientos de libros pospuestos, las políticas de novedades, los proyectos cancelados ¿qué repercusión han tenido en el día a día del grupo?

Por necesidades de guion casi quinientas novedades han visto pospuesta su fecha de lanzamiento. De ellas, aproximadamente la mitad serán publicadas en meses posteriores a la fecha inicialmente prevista. El resto pasará a la oferta editorial de 2021. Si bien este contratiempo ha limitado nuestra capacidad respecto a la publicación de libros y la generación de ingresos asociada ha contribuido de forma importarte a mitigarlo.

 ¿Y cómo han encontrado las librerías tras la batalla? ¿Cómo puede contribuir Planeta a salvaguardar algo tan preciado y a la vez precario como las librerías?

Los libreros y las librerías no solo nos han preocupado desde el inicio del confinamiento, sino que han ocupado buena parte de nuestro tiempo de gestión. Nuestros agentes comerciales han estado en contacto permanente con ellos, procurando resolver conjuntamente los problemas que les acuciaban, en especial de naturaleza operativa y financiera. Creemos firmemente en que el ecosistema librero es fundamental en el panorama cultural de un país y hemos procurado actuar con la coherencia y la seriedad que reclamaba la situación. Asimismo, hemos prestado servicio logístico a las librerías virtuales, algunas de reciente creación, convencidos de que han supuesto, en los peores momentos de confinamiento, una válvula de oxígeno para la correcta difusión de los libros.

 Pero no todo han sido malas noticias. De hecho, hubo alguna especialmente positiva, sobre todo si ha venido para quedarse. Durante el confinamiento creció el número de lectores frecuentes y la lectura estuvo en el top ten de actividades escogidas. ¿Cuál es su interpretación de esta agradable sorpresa?

En efecto, la lectura ha sido junto con la comunicación telefónica, la cocina y la visualización de series, una de las actividades principales durante el confinamiento. Eso demuestra el valor de la lectura en nuestra sociedad. Y algo más importante: el hecho de que los menores de casa se hayan ejercitado en la lectura augura un buen futuro para el libro en España. Es cierto también que las excepcionales circunstancias que hemos vivido, con mayores limitaciones para otras actividades, lo ha favorecido. Aunque con gran alegría hemos observado, en la progresiva vuelta a la nueva normalidad, que el mercado está por encima del pasado año, lo cual nos ayudará a cerrar la brecha lectora entre España (en torno al sesenta y cinco por ciento de los españoles declara leer con frecuencia, al menos dos veces por semana) y aquellos países más lectores como Alemania y los escandinavos, con porcentajes de lectura por encima del ochenta por ciento.

 Hablemos de nuevos soportes. Hace diez años el libro electrónico no llegaba al uno por ciento de su utilización en mercados como Estados Unidos o Inglaterra. En España y en el mercado de lengua hispana el porcentaje era aún más pequeño. Hoy día, una década después, el porcentaje ha crecido, pero no lo suficiente como para poner en riesgo la hegemonía del papel. Usted sostuvo entonces: De aquí a veinte años el libro electrónico será muy importante, pero no tanto como el libro físico. No se equivocó. ¿Cómo cree que evolucionará este soporte y qué interés tiene para la edición del futuro?

El mix entre libro impreso y digital en el futuro evolucionará de acuerdo con factores que tienen mucho que ver con la educación de nuestros hijos. Sin duda alguna, los nuevos lectores tenderán a ser más digitales, y ello contribuirá al crecimiento del libro digital. También lo harán otros factores como el desarrollo de nuevos modelos de negocio, como la suscripción, los audiolibros, entre otros lenguajes. Pero el libro impreso seguirá siendo muy relevante durante mucho tiempo, ya que una buena parte de los lectores sigue prefiriendo dicho formato. Es complicado aventurar profecías, pero creo que no es imprudente decir que el libro impreso seguirá siendo mayoritario en la década que acabamos de iniciar, en parte debido al desarrollo del e-commerce, que ha incidido considerablemente en los hábitos de compra de los lectores.

 Hoy día parece que la gran revolución no está en el mundo digital sino en el comercio electrónico, es decir, en la adquisición de libros físicos. ¿En qué medida modificará ese hecho a la relación que mantenemos con las librerías?

El gran cambio reciente en la industria del libro es el gran desarrollo del comercio electrónico, que complementa la compra de libros en librerías. Y dicho desarrollo del e-commerce se inscribe en un cambio generalizado de hábitos de compra de la población que se aprecia de forma más clara en épocas de confinamiento. Todos: Lectores, libreros y editores hemos comprobado la importancia del comercio electrónico, y ello ha hecho que grupos de librerías se asocien e impulsen proyectos propios de e-commerce. Aún así, en España, de cada diez libros que se adquieren, ocho lo son en librerías físicas y dos a través del comercio electrónico. Como comprador de libros valoro mucho ir a “mis” librerías, en las que conozco la disposición de los libros, y siempre descubro y compro libros distintos a los que me habían llevado a ella. También valoro, en ocasiones, la comodidad o la inmediatez de la compra. Pero creo firmemente que un espacio físico dedicado a la exposición y promoción del libro es fundamental para la cultura de un país y para la formación de su sociedad.

 ¿Y el audiolibro? ¿Cómo se puede acomodar este nuevo formato al negocio editorial? ¿Qué futuro le espera?

El audiolibro es un modelo de negocio adicional que permite hacer llegar contenidos a nuestros lectores para ser “consumidos” de forma distinta. En consecuencia, es un elemento positivo para el autor, para la industria y para el lector. Su futuro vendrá asociado al valor que el lector otorgue a esta forma de “lectura” y será claramente distinto según cada línea editorial. Su crecimiento será mayor entre lectores digitales y su cuota de mercado se definirá mejor respecto a la cuota digital. Asimismo, su desarrollo variará por países. Será mayor en los países donde ya tenía más tradición (USA, norte de Europa). Pero es un nexo adicional con los lectores, y desde ese punto de vista es también una prioridad para la industria editorial.

 El mercado hispanoamericano, donde Planeta tiene una asentada presencia, no es un espacio de doble dirección. Ustedes poseen un catálogo vivo de más de cincuenta mil títulos, pero solo un veinte por ciento de esos títulos están compartidos con Hispanoamérica. ¿Cómo es posible que los libros españoles no interesen allí y los que allí se escriben no lleguen aquí?

En Estados Unidos, el gran mercado del libro a nivel mundial, tan sólo el tres por ciento de los títulos publicados cada año son traducciones. Por tanto, parece claro que en un mercado suficientemente grande la oferta editorial de mayor interés para los lectores suele ser de autores propios, al menos en determinadas temáticas. En el caso del espacio geolingüístico en español la “porosidad atlántica” es mayor y en efecto, en nuestro caso, diez mil títulos son compartidos entre ambas orillas del océano, lo cual es una cifra notable. Aún así, hacemos esfuerzos para que esta cifra siga incrementándose, como un ejercicio de responsabilidad hacia nuestros autores. Adicionalmente, los nuevos modelos de negocio (digitales y no digitales) permitirán incrementar el nivel de contenidos compartidos.

 Han alcanzado un acuerdo con plataformas audiovisuales como Netflix. ¿Cómo se genera sinergias con estructuras audiovisuales? ¿Es cierto que la venta de derechos es una de las bazas que mejor le está funcionando a Planeta?

El lector de libros, el que visualiza series, el que cocina, quien hace deporte no son personas distintas. Suele ser una misma persona en momentos distintos. Por ello creemos en la capacidad cruzada de incremento de negocio entre el mundo del libro y el mundo audiovisual. Lo hemos visto en infinidad de ocasiones: cuando una novela gusta a muchos lectores suele estar en la base de una gran película o de una gran serie. Lo mismo ocurre con los contenidos audiovisuales que captan la atención del público lector. En la industria del ocio cultural, la convergencia de contenidos define cada vez más la situación actual del mercado y de la sociedad.

 ¿Qué hay que pedir en tiempos como los que estamos viviendo a los poderes públicos? Asociaciones de editores vienen reclamando desde hace años un Pacto por la Lectura. ¿Qué encaje cree usted que tienen iniciativas de este tipo?

El Pacto por la Lectura es una necesidad acuciante y una prioridad estratégica. Es sin duda una cuestión de Estado que trasciende nuestro propio país y que concierne a todo un continente y a una forma de ver el mundo. Creo que España y Europa son conscientes de la importancia del español como puente entre dos continentes. Y creo que la correcta definición y puesta en marcha de un Pacto por la Lectura sería muy bien recibida por amplios sectores de nuestra sociedad. De forma más inmediata, creo que un “Pacto por las librerías” en España y en nuestros países hermanos de América, siguiendo la estela de programas similares que existen en países europeos próximos, sería también de extrema importancia y sería un complemento perfecto al Pacto por la Lectura.

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