Javier Cercas: “ Terra Alta es un territorio virgen. Estoy impaciente por colonizarlo del todo”

El autor da nueva vida a su personaje, Melchor Marín, en lo que promete ser una obra compuesta por varios volúmenes

Texto y fotos: Josep M. Palau Riberaygua 

CERCAS nos recibe en su casa, fuera de la ciudad, donde lo pilló un confinamiento que le ha brindado la oportunidad de leer mucho y de escribir más. Su mesa de trabajo es un caos del que solo él tiene la brújula, un gozoso desorden en el que se oculta la continuación de Terra Alta


Soldados de Salamina, Anatomía de un instante, Terra Alta… Su obra literaria abunda en títulos que han conocido el éxito de público y crítica. Desde un punto de vista personal ¿realmente hay un antes y un después para un escritor tras ganar el Premio Planeta? 

No lo sé: supongo que depende del escritor. En mi caso no. Y mentiría si dijera lo contrario. A mí el Planeta me pilló siendo un escritor con lectores (lo que no es tan habitual en nuestro país), un escritor que se podía ganar la vida con lo que escribía. Es verdad, sin embargo, que el Planeta es un premio único, extraordinariamente popular, y que eso lo hace distinto para cualquier escritor: al fin y al cabo, lo mejor que le puede ocurrir a la literatura es que sea popular, que sea leída, que le diga cosas relevantes a la gente. Eso es lo que fue la literatura en otro tiempo –Cervantes y Shakespeare fueron muy populares, igual que muchos de los más grandes poetas y novelistas del siglo XIX y eso es lo que debería ser en el futuro.

Creo que es el personaje de Olga quien dice en Terra Alta que allí todo tiene que ver con la Guerra Civil. Se podría decir lo mismo de muchos de sus libros. ¿Tanto nos cuesta a los españoles comprender nuestro pasado?

El pasado le cuesta comprenderlo a todo el mundo, no sólo a los españoles. Y comprenderlo es el paso previo para digerirlo, que es de lo que se trata. Me refiero al pasado más duro o traumático, un pasado que todos los países tienen, y España no es ninguna excepción. Me refiero a un pasado que no ha pasado todavía, que es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado: eso es la Guerra Civil en España o la Segunda guerra mundial en el resto de Europa y Estados Unidos. Y por eso de un modo u otro casi siempre reaparece en mis libros. Porque mis libros son a menudo un combate contra la dictadura del presente e intentan mostrar que el pasado no ha pasado todavía, mostrar que el presente es mucho más que lo que ocurre hoy, que ese pasado también forma parte del presente. Y que hay que saberlo para que no nos juegue malas pasadas: para no ser sus esclavos y no vernos obligados a repetir una y otra vez los mismos errores.

A Terra Alta se la ha definido como ficción pura, mientras que varias de sus novelas anteriores eran relatos entreverados de realidad histórica. ¿Hay temas que solo se pueden abordar cambiando de registro? 

Yo creo que, en rigor, la ficción pura no existe: es un invento de quienes no saben qué es la ficción. De hecho, si la ficción pura existiese no tendría el menor interés, ni siquiera sería inteligible: la ficción es inteligible y tiene interés precisamente porque está impregnada de la realidad que es su carburante, aquello que la dota de sentido. Al fin y al cabo, la ficción es siempre una transfiguración de la realidad que convierte lo particular en universal. Dicho esto, sí, este libro está mucho menos pegado a la realidad histórica, o entreverado de ella, que algunas de mis novelas anteriores (no digamos que aquellas que eran novelas sin ficción como Anatomía de un instante o El impostor). Y también es verdad que en esta novela hay algunas cosas nuevas, que en las anteriores no existían, como es verdad que la única forma de decir cosas nuevas es usar formas nuevas para decirlas, porque la literatura es forma, no fondo (o lo que es lo mismo: en ella el fondo es la forma). Pero de eso justamente se trataba en este libro: de renovarme o reinventarme, para evitar caer en uno de los peores errores que puede cometer un escritor, sobre todo a cierta altura de su carrera, que es el error de repetirse, de convertirse en un imitador de sí mismo. En ese momento un escritor está muerto aunque siga publicando libros y estos se sigan leyendo y yo tengo hecho el firme propósito de morirme bien vivo. 

 ¿Cree que algunos de sus lectores más fieles se habrán sentido “descolocados”? 

Ojalá, aunque lo dudo mucho. Yo he intentado que este libro sea radicalmente distinto a los libros que ya he escrito, pero también radicalmente fiel a ellos. Es verdad por ejemplo que, a diferencia de mis novelas anteriores, Terra Alta tiene un aire de novela policial y que en ella se juega con alguno de los ingredientes o convenciones del género negro. Pero no es menos verdad que en todas o casi todas mis novelas anteriores había un enigma y alguien que quería resolver ese enigma, lo que es el esquema básico de la novela negra o policial. Igualmente es verdad que, aunque en el libro se abordan temas que yo no había abordado antes, o no al menos de forma tan central (el valor de la ley, la posibilidad de la justicia, la legitimidad de la venganza, la perdurabilidad del odio) también se abordan temas esenciales en mis libros anteriores, como la naturaleza del heroísmo o la supervivencia del pasado en el presente. Así que, aunque yo haya querido reinventarme por entero y ser un escritor del todo distinto, al final no tengo más remedio que resignarme a ser quien soy, como todo el mundo. 

 Su personaje Melchor Marín parece moverse según la máxima “a donde no llega la ley llego yo”. La justicia siempre se queda corta en la novela policial. ¿Por qué? ¿Sucede lo mismo en la vida real?

Claro: la justicia de los hombres nunca es perfecta, pero no tenemos otra. Es como el célebre chiste de Woody Allen: la realidad es horrible, pero es el único sitio en el que te puedes comer un buen bistec. La pregunta que formula esta novela se podría formular así: ¿es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia? Y, claro, la respuesta que cualquier persona civilizada daría sería: no, por supuesto, la venganza no es nunca legítima. Pero lo que hacemos los novelistas es complicarle la vida a la gente (a cambio de darles placer), mostrar que las cosas no son tan sencillas como a simple vista parecen, volver compleja la realidad (una realidad que en el fondo nunca es simple), poner en cuestión las certezas más arraigadas, obligar al lector a meterse en la piel de todo tipo de gente, desde los mejores hasta los peores, incomodarlo, llevarlo a comprender las motivaciones de todos y ensanchar así su propia experiencia, invitarlo a vivir más. Para eso sirve la literatura: para permitirnos vivir más, de una forma más rica, más intensa y más compleja. 

 Aunque el libro adopta las convenciones de la novela negra, en realidad asistimos al viaje de un hombre en busca de su lugar en el mundo, como evidencian las citas constantes a Los Miserables. Un viaje que la novela no da por acabado. ¿Tendremos la ocasión de ver cómo evoluciona la vida de Melchor en próximos libros? 

Sí, o eso espero. Con Terra Alta me ha ocurrido algo que no me había ocurrido con ninguno de mis libros anteriores: en cuanto lo terminé supe que, aunque era un libro acabado en sí mismo también era parte de un libro más amplio, que la peripecia de Melchor Marín aún no había acabado, que él también quería vivir más. ¡Por algo es un lector furioso! Así que estoy escribiendo ese otro libro mayor, que ya veremos cuántos volúmenes tiene. Esa es la impresión que tengo ahora mismo: la de que, con Terra Alta, he ingresado en un territorio nuevo, virgen, por completo desconocido para mí, y ahora estoy impaciente por colonizarlo del todo.

 En Terra Alta la acción principal se sitúa en un futuro inmediato. Si la historia de Melchor va a tener continuidad, ¿no le obligará a realizar un ejercicio de ciencia ficción? 

No necesariamente. Creo que ahí hay un malentendido. Es verdad que parte de la acción de Terra Alta transcurre en 2021, y que los volúmenes posteriores, a menos que la acción vaya hacia atrás (lo que no es imposible), deberían transcurrir en el futuro, pero ¿por qué el futuro va a estar lleno de platillos volantes, catástrofes climáticas o ciudades totalmente distintas a las nuestras? ¿No se puede parecer al pasado? El pasado de hace diez o veinte años se parece mucho a la actualidad: ¿por qué iba a ocurrir algo distinto con el futuro? Si tratamos con absoluta naturalidad el pasado en la literatura ¿por qué no tratar de la misma forma el futuro? ¿Solo porque uno ya ha pasado (más o menos) y el otro no? Eso sin contar con que, sin necesidad de hacer futurismo (barato o no), el futuro le concede a un escritor una libertad que no le da el pasado, precisamente porque no sabemos cómo será. En fin, ahora que lo pienso creo que esto, que es tan sencillo pero a la vez tan insólito, forma parte de ese nuevo territorio del que hablaba antes. 

 El atentado de la Rambla y el contexto de la política catalana fue el combustible de Terra Alta. ¿La pandemia actual lo es de sus futuros libros?

Quién sabe: uno solo sabe cuál es el carburante de un libro cuando ya lo ha escrito. Y a menudo es algo secreto incluso para el propio escritor. Quiero decir que es verdad que, aunque Terra Alta no trata de la crisis catalana, la crisis catalana es su carburante, del mismo modo, digamos, que el desarraigo existencial de Kafka es el carburante de La metamorfosis o La transformación, que trata de un hombre que se levanta por la mañana convertido en escarabajo. Así que, si la pandemia actual es el carburante de algún libro mío (o de otros), no será algo que salte a la vista. 

 Isabel Coixet le dijo que Clint Eastwood hubiera hecho una película de la noticia del tiroteo con los yihadistas en Cambrils que en su novela protagoniza Melchor Marín. Terra Alta tiene mucho de cinematográfico. ¿Llegaremos a ver a su personaje en la pantalla? 

Sí. Pero no será mi personaje: será el personaje de quien haga la película o la serie de televisión. Quiero decir que yo habré puesto la partitura una novela siempre es una partitura, que cada lector interpreta a su manera, y el director la interpretará a su manera para el cine o la televisión. Veremos, y nunca mejor dicho. Por lo demás, aunque algunas de mis novelas se hayan convertido en películas yo no veo ninguna de ellas como un guion cinematográfico (género que nunca he practicado): las veo simplemente como novelas.

 Terra Alta lo ha publicado Planeta, como es natural al ser la convocante del premio. Antes estuvieron Penguin Random House Mondadori y Tusquets. ¿Cómo vive un escritor un cambio de editorial? ¿Con el estrés de una mudanza? 

Se le olvida Sirmio que fue mi primera editorial y quizá la más importante, precisamente por ser la primera. Allí publiqué tres libros que no leyó nadie salvo mi madre y algunas de mis hermanas (tengo muchas). Lo cual no quiere decir que fueran peores que los que escribo ahora, aunque tampoco mejores. Sea como sea, un cambio de editorial no tiene por qué ser un trauma; todo lo contrario. Yo he estado muy bien en todas las editoriales por las que he pasado y en todas he aprendido cosas y he hecho amigos, algunos muy buenos. De hecho, ahora mismo tengo dos: Planeta, que ha publicado mi último libro, y Penguin, donde existe una cosa llamada Biblioteca Javier Cercas en la que se han publicado todos los demás y que sigue plenamente vigente. Por suerte, los escritores no somos futbolistas y podemos jugar al mismo tiempo en más de un club.

 Cada editorial le habrá aportado algo distinto en cada momento de su carrera literaria. ¿Podría explicarlo para los lectores de Publishers Weekly en Español? 

Francamente, no: nunca me habían hecho esta pregunta. Y la verdad es que no sé cómo contestarla. A lo mejor para hacerlo necesito escribir un libro, y además bastante grueso. En fin, lo pensaré.

 Al principio de la crisis del COVID-19 algunas editoriales pusieron a disposición del público y por un tiempo limitado algunas obras de forma gratuita. ¿Cree que es una forma efectiva de promover la lectura? 

No lo sé. Lo único que puedo decir es que, cuando alguien me dice que no le gusta leer, me pasa lo mismo que cuando alguien me dice que no le gusta el sexo: me entran ganas de darle el pésame, de acompañarle en el sentimiento. La lectura no es una obligación: es un placer, como el sexo; solo que es un placer que, también como el sexo, proporciona conocimiento. Quien no quiera leer, que no lea. Él se lo pierde.

 También parecía que la pandemia iba a brindar la oportunidad de leer más por el hecho de estar en casa. ¿Con la literatura pasa como con la buena cocina, que acabamos “comiendo con los ojos”? 

Puede ser: al fin y al cabo, es difícil entrar en una librería y no comprar un libro. En cuanto a mí, debo decir que, si esta pandemia no hubiera sido una catástrofe colectiva, hubiera sido una bendición personal, porque he suspendido todos mis viajes y compromisos y he tenido más tiempo para leer y escribir del que he tenido en años.

 Muchas librerías han estado cerradas y el acceso a las bibliotecas, limitado. ¿La crisis actual será el empujón definitivo hacia el consumo del libro digital? 

Tampoco lo sé. Yo sé algo de literatura, pero nada o casi nada de la industria editorial; son dos cosas distintas, y los escritores no solemos saber mucho de lo segundo (por mucho que algunos hablen tanto de ello). Yo no consumo libros digitales, pero por supuesto no tengo nada contra ellos: Madame Bovary es tan buena en versión digital como en versión papel. Por lo demás, dudo mucho que el libro vaya a desaparecer. Mejor dicho, estoy casi seguro de que no desaparecerá. Umberto Eco lo dijo muy bien: el libro es un invento tan perfecto como la rueda.

 Distanciamiento social, presentaciones de libros virtuales… ¿lo siguiente serán los autógrafos y dedicatorias digitales?

¿No han empezado ya? Yo diría que sí. ¿Y qué cambia? Además, esto de la pandemia no va a durar para siempre. La gripe española, a principio de siglo, fue mucho peor que esto, y al cabo de cuatro días la gente ya no se acordaba de ella. Y, por cierto, apenas ha dejado rastro explícito en la literatura.

 ¿Usted es de los que creen que la relación con el libro como objeto aporta un valor añadido o más bien piensa que hay que huir del fetichismo bibliófilo?

Que cada uno disfrute con lo que quiera. Yo no soy bibliófilo creo que es el único vicio que no he contraído, pero no tengo nada contra la bibliofilia. Solo procuro leer los libros en buenas ediciones porque, si no son buenas, acabo destrozándolos, sobre todo si me gustan mucho y los leo más de una vez, cosa que me ocurre siempre con los libros que me gustan: soy más relector que lector.

 Hay quien afirma que las plataformas de vídeo por suscripción son las “nuevas bibliotecas”. ¿El futuro del escritor pasa por el audiovisual o, al contrario, es el audiovisual quien siempre buscará inspiración en los libros?

Perdone la perogrullada, pero libros y películas son cosas distintas. Quien vaya a buscar a una película lo que ha leído en una novela se equivoca por completo, sobre todo porque lo que un lector ha leído en una novela solo lo ha leído él. La lectura es una experiencia intransferible; también reversible: nosotros leemos los libros, pero los libros también nos leen a nosotros. Es lo que intentaba decir antes y lo que dice un personaje de Terra Alta: la mitad de una novela la pone el autor; la otra mitad la pone el lector. Es así: una novela, como le decía, es una partitura, y es el lector quien la interpreta. Y cada lector la interpreta a su manera. En eso consiste gran parte de la magia de la literatura. Dicho esto, es indudable que la gente del cine y la televisión se inspira constantemente en los libros de hecho, el cine nació de la novela, pero yo no pienso jamás, mientras escribo, en si lo que estoy escribiendo se puede adaptar o no al cine o a la televisión o a lo que sea. Jamás. Yo lo que intento siempre es escribir el mejor libro que puedo escribir. Y punto. Todo lo demás no es asunto mío. Lo cual no quiere decir que no me guste que mis libros se adapten al cine, a la televisión, al teatro o al cómic. Todo lo contrario: me encanta. Eso significa que siguen estando vivos

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