¿Habrá vacuna para el libro?

La crisis de la industria en Latinoamérica

Librerías y bibliotecas cerradas durante varios meses, virtualización de las ferias del libro, caída del registro ISBN, digitalización, comercio electrónico, demanda de políticas públicas. Las dos caras de la pandemia en Latinoamérica.

Fotografía: Nano Cañas

Ya van cinco meses. Un sector que lentamente se estaba recuperando de la crisis global de 2008, afronta la crisis más profunda de los últimos años. Caída generalizada en las ventas, el cierre de librerías, freno del comercio exterior y aplazamiento del lanzamiento de novedades. En un sondeo realizado por el Cerlalc, Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, auspiciado por la Unesco, al que respondieron 298 empresas del sector se puede ver el fuerte impacto de la pandemia: “un 54,4 por ciento cree que sus ingresos del primer semestre de 2020 se reducirán más de la mitad en relación con los de 2019, y un treinta por ciento considera que esta disminución será de entre 26 y 50 por ciento”.

En Argentina, según datos de la Cámara Argentina del Libro, “los ejemplares producidos para la primera edición respecto del mismo período del año anterior se redujeron un cincuenta por ciento. En el período de la cuarentena marzo-abril 2020 el registro de novedades cayó un cincuenta por ciento y la cantidad de ejemplares producidos fue tan solo de quinientos mil, cuando en abril de 2019 era cercana a los seis millones de ejemplares”. En Colombia, entre enero y junio de 2020, la caída en el registro ISBN fue de dieciocho por ciento, al compararlo con el mismo periodo del año anterior. Entre marzo y junio, la caída fue de veintinueve por ciento. En México, la Caniem, Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, informó que “entre el 23 de marzo y el 30 de mayo, de acuerdo con Nielsen BookScan la peor semana en cuanto a la venta de libros fue la número quince (del lunes 5 al domingo 11 de abril), cayendo un 79 por ciento con relación a la misma semana de 2019”. Y agrega que la caída acumulada entre enero y mayo es de 23%.

Las ferias del libro, tanto los grandes eventos internacionales (Buenos Aires, Bogotá), como las diferentes ferias nacionales y locales tuvieron que cambiar del escenario físico a los espacios virtuales. Las ferias constituyen el momento propicio para el encuentro y el intercambio comercial. El encuentro entre autores y lectores se propició y potenció a través de las redes, pero el flujo de comercio se frenó notablemente. El lanzamiento de novedades, las ventas a bibliotecas y el adelgazamiento de los inventarios encontraban su más propicio espacio en los recintos feriales. El 2020 es un año perdido en este campo, queda solo el esfuerzo de los organizadores por rendirle un homenaje a autores y lectores, y los intentos por propiciar el comercio electrónico.

Una muy buena parte de los libros que se ofrecen al público lector en América Latina provienen del comercio internacional, en particular el originado en España, Argentina y México. La parálisis en el sector editorial y las dificultades de operación de distribuidoras y librerías y buena parte de la logística de comercio la circulación del libro entre las fronteras de la región se ha restringido notablemente.

En Argentina, según datos del Indec, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, al comparar el primer semestre de 2020 con el mismo período de 2019, las exportaciones de libros se redujeron un cuarenta por ciento y las importaciones un sesenta y tres por ciento. Con España, su principal socio comercial en el campo editorial, las importaciones de libros se redujeron un sesenta y nueve por ciento. En Colombia, los reportes del Dane, el sistema estadístico nacional, registran una caída del cuarenta y siete por ciento en las exportaciones de libros en los primeros cinco meses de 2020. 

Las sendas de la recuperación

El panorama económico de la región es francamente desolador. La Comisión Económica para América Latina Cepal estimaba, a mediados de julio, que el PIB regional caerá 9,1 por ciento y que el PIB per cápita de 2020 será igual al de 2010. El desempleo, por su parte, se ubicará en el 13,5 por ciento (frente a 8,1 por ciento de 2019). ¿Otra década perdida? 

En ese contexto, la recuperación del sector editorial será previsiblemente más lenta. La caída en el ingreso disponible de la población será el factor determinante. Es por eso que las voces representativas de la edición en la región claman por respuestas desde la política pública. El crecimiento de las compras públicas de textos y materiales educativos, y para dotación de bibliotecas públicas y escolares constituyen un factor clave para dinamizar la actividad de la industria. El objetivo es que estas compras se concentren en la oferta editorial local, única forma de garantizar la supervivencia de buena parte del tejido empresarial del sector, conformado por pequeñas y medianas empresas. Las librerías, a su vez, claman por la flexibilización de los mecanismos de compras públicas que hagan viable su participación. Estas pretensiones enfrentan un panorama complejo en las finanzas públicas pues las prioridades se ubican en atender otros asuntos relacionados con la pandemia, en particular en cuanto a inversión en salud y protección del empleo. El desempleo creciente y la reducción de ingresos llevan, además, a plantear la importancia de dinamizar la demanda de bienes y servicios culturales, a través de subsidios directos que permitan a la población el acceso, entre otros, a productos editoriales.

El escenario es sombrío. La mortalidad empresarial puede ser alta. Pese a que en muchos países se han establecido mecanismos de subsidios a las nóminas, flexibilización de cargas sociales y posibilidades de acceso al crédito, las mismas no han sido suficientes ante la magnitud de los impactos negativos. Las pequeñas y medianas empresas, reino del sector del libro, no son optimistas hacia el corto plazo. 

La oferta disponible al público en las librerías se ha resentido, además, como resultado de las dificultades en el comercio internacional. Con economías en recesión, debilidad de los signos monetarios y caída del ingreso disponible, las oportunidades de abastecimiento en el mercado internacional se reducen. Esta puede ser una buena oportunidad, como ocurrió en los años noventa, para el fortalecimiento de los sectores editoriales locales y de posibilidades de mayor inversión extranjera en el campo del libro, que necesariamente ayudará a dinamizar la actividad del sector.

¿La cadena del libro está generando anticuerpos para enfrentar rebrotes de la pandemia? ¿Habrá vacuna? En el horizonte se ven iniciativas estratégicas que pueden cambiar la estructura del sector tradicional propiciando su modernización. De no perseverar en las mismas, hay muchos ojos atentos a llenar los vacíos que deje la coyuntura. Los factores estructurales que hacen de América Latina un territorio promisorio para el sector del libro siguen vigentes: tamaño del mercado, estructura demográfica, dinámica educativa, bajos niveles actuales de lectura y de consumo de libros. La coyuntura es difícil, pero las perspectivas de mediano y largo plazo son sólidas.

Cosas buenas que van quedando

La pandemia, además del cuadro desolador que dibuja en la coyuntura, muestra cosas alentadoras que tendrán impacto en la cadena de valor en el medio plazo. Ha puesto de presente el valor del libro como un elemento importante de la vida cotidiana. La lectura ha sido un refugio para millones de ciudadanos confinados en sus hogares. Los estudiantes, en todos los niveles, enfrentados a la virtualidad, han entendido la importancia de contar con materiales de consulta y esto ha llevado a que el libro en el ámbito digital se revalorice para lectores, editores, libreros y bibliotecarios.

Las librerías se convirtieron en protagonistas. Ante el cierre del canal en estos meses, la solidaridad del público lector y la evidente necesidad de satisfacer la demanda han llevado a que el sector librero entienda la importancia de la modernización de su actividad para ponerse a tono con las tendencias dominantes en el mercado global del libro y que los gobiernos entiendan la necesidad de promover y proteger el canal. Las librerías han entendido que el comercio electrónico y el uso de las redes sociales es una herramienta fundamental de su actividad. En todos los países de la región surgen campañas de promoción de la compra en librerías y de la necesidad de proyectos desde las políticas públicas que fortalezcan las capacidades para el comercio en línea.

Las empresas del sector han entendido la importancia de fortalecer su presencia en el entorno digital. Catálogos, metadatos, comercio electrónico y digitalización de contenidos son temas que saltaron de la agenda de seminarios y conferencias a convertirse en imperativos de la coyuntura y del desarrollo a mediano plazo. Abundan los proyectos de modernización de la cadena de comercialización del libro y de construcción de catálogos digitales. Las ferias del libro, enfrentadas a la imposibilidad de realización de los eventos tradicionales, han encontrado novedosos caminos para llegar a los lectores. Si bien el impacto comercial no alcanza las dimensiones del encuentro físico entre autores, libros y lectores, la difusión del libro a través de los canales virtuales deja un importante aprendizaje para el sector

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