Extremadura custodia sus libros entre muros con historia

La joven biblioteca guarda joyas bibliográficas al tiempo que recopila toda la producción editorial de la comunidad, la que habla sobre ella y la de sus autores cuenta con cerca de 150.000 libros y otros recursos, entre los que destacan los diez del tesoro de Barcarrota

Si libros y documentos son fieles guardianes de la historia de las ciudades, la sede de la Biblioteca de Extremadura, de titularidad autonómica, en Badajoz es además una muestra del trayecto recorrido a través de los siglos por la capital pacense. Esta biblioteca es relativamente joven, pero el edificio forma parte del complejo de la Alcazaba. Así que no se extrañe el visitante si al entrar en sus instalaciones se topa con restos de la mezquita-palacio de Ibn-Marwan, el fundador de Badajoz, construida a finales del siglo IX. Luego el edificio ha tenido una larga historia, porque sobre la mezquita fue construida la Catedral de Santa María de la Sée, en una edificación del año 1232, levantada por el rey Alfonso IX de León tras haber reconquistado la ciudad de Badajoz, y algunos de cuyos restos también se pueden ver. Pasado el tiempo, la catedral desapareció en su mayor parte y en el siglo XIX se construyó sobre ella el Hospital Militar de Badajoz. Y si se sigue avanzando en el tiempo se llega a la actualidad, en la que el edificio arrancó el siglo XXI para ser enseguida ocupado por la Biblioteca, que lo comparte con la actual Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación y que está rodeado por algunos de los lugares emblemáticos de la ciudad. La directora de la Biblioteca, Julia Inés Pérez González, cree que esta unión con la facultad en un edificio compartido da una peculiaridad respecto a las bibliotecas hermanas del resto de las comunidades.

Sirva este brevísimo repaso histórico para situar en su entorno un fondo de casi 150.000 volúmenes que tiene precisamente en su continente una de sus señas de identidad. La Biblioteca de Extremadura está ligada al desarrollo autonómico. Constituye el puente entre el sistema bibliotecario extremeño y el nacional, además de ser el centro bibliográfico más importante de la comunidad y un agente cultural de primer orden en Badajoz. Se creó por una ley de 1997 aprobada en el Parlamento de Extremadura que establecía las bases del sistema bibliotecario extremeño y que se desarrolló en un decreto del año 2000. Finalmente, la biblioteca abrió sus puertas en 2002 coincidiendo el 23 de abril con el Día Internacional del Libro.

Esta biblioteca tiene la doble condición de pública y patrimonial y trabaja también en colaboración con otras de Extremadura. “En la evolución actual estamos trabajando en la extensión de la red de bibliotecas”, señala la directora. Esta red cuenta con 27 bibliotecas públicas extremeñas a la que se van a unir seis más en breve

En la actualidad, la Biblioteca de Extremadura cuenta con un fondo de 145.693 ejemplares de distintas tipologías y formatos, entre libros, manuscritos y otros materiales. Este fondo ha ido creciendo en sus casi veinte años de historia, hasta llegar a un fondo denominado antiguo con unos 14.000 ejemplares y otro moderno de unos 127.000.  La división entre ambos es, con excepciones, 1958, cuando se estableció el depósito legal.

Como biblioteca patrimonial que es cuenta entre su catálogo con auténticas joyas Entre sus colecciones quizá sea la mas importante la llamada Biblioteca de Barcarrota, llamada así por la localidad en la que fue encontrada en 1992 por un albañil que realizaba obras en una vivienda  y que poco podía imaginar cuando atacó una pared con el pico que tras ella había diez libros editados entre 1525 y 1554, que se cree que pertenecían a un médico judío converso que huyó a Portugal, escondiéndolos para recuperarlos cuando volviera, lo que nunca sucedió. Entre las joyas de este tesoro hay un Lazarillo de Tormes de 1554 en una edición que hasta el momento de su aparición se desconocía. Pero hay también otros, muchos de ellos prohibidos, como un ejemplar único de la Oración de la Emparedada en portugués, una edición latina de la Lingua de Erasmo o un tratado de quiromancia. La Biblioteca cuenta con otros documentos y libros de especial relevancia histórica, como el contenido del Fondo Clot-Manzanares, una Biblia políglota o una primera edición del Quijote en Iberoamérica. No es de extrañar que todo ello se guarde en la llamada Sala de Tesoro.

En cuanto a los fondos nuevos, la biblioteca no para de crecer. Su propia naturaleza hace que así sea, dado que incluye los libros que le entran por depósito legal, “pero también se adquieren los libros de autores extremeños o referidos a Extremadura que se editan fuera de aquí”, explica la directora. Es difícil explicar el día a día de funcionamiento de esta biblioteca sin hablar de la pandemia, que redujo a casi la mitad el número de vistas y consultas en 2019 frente al 2020. Aún así, desde que se decretó el estado de alarma el pasado mes de marzo la actividad se pasó a las redes y hubo un “aluvión de gente que se hacía usuaria”, señala Julia Inés Pérez. Los recursos eBiblio y eFilm tomaron entonces protagonismo. Lo que sí echa de menos la directora de la Biblioteca son los eventos que se redujeron drásticamente desde aquella exposición de enero de 2020 con la obra del fotógrafo Robert Royal, que fue la última que se hizo dejando en el limbo la siguiente prevista. A partir de ahí se han realizado algunas actividades, como las incluida en el Plan de Fomento de la Lectura o conciertos, pero con las limitaciones de aforo obligadas.

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