El otoño de libros secos

Otoño no será una estación fácil. La crisis sanitaria salpicará todos los escenarios económicos y la industria del libro se resentirá más que otros sectores. Lo saben editores, distribuidores y libreros que llevan semanas preparándose para encajar el golpe.

La dureza del otoño dependerá de los efectos que la maldita pandemia tenga en la sociedad. Otra cosa es su duración que no se espera que amaine hasta la llegada del invierno, con la proximidad de la Navidad y su liturgia de compras y regalos. El verano ha sido excelente. Desde la salida del confinamiento y la apertura de las librerías las ventas no han cesado. El trimestre ha sido un éxito repartido por igual entre todos los protagonistas de la industria del libro. Se ha vendido mucho. Pero las perspectivas para octubre y noviembre son otras. Por lo pronto los grandes grupos editoriales han adelgazado hasta final de año sus lanzamientos un treinta por ciento. Muchos libros contratados a principios de este año y con salida estas semanas aún tendrán que esperar, en especial en ficción. Las medianas editoriales han hecho igual y las editoriales independientes se quejan de que la sobredimensión de los grandes grupos copa las mesas de novedades de las librerías y no dejan espacio alguno para ellos. En algo llevan razón: La demanda real no se ajusta a las circunstancias. La demanda ha bajado y seguirá en descensos este otoño. 

A un paso de que se suspenda la Feria de Guadalajara, como ya ha pasado con Madrid y Fráncfort —que serán virtuales al igual que Liber—, la situación es confusa. Las editoriales habían trabajado un catálogo excelente para el segundo semestre del año y confiaban en que, en vista del aumento de ventas de los cinco últimos años, estos meses que aun quedan de 2020 fueran aún mejores. No lo serán. Todo lo contrario. Se prevé un retraimiento del gasto y el libro será una de las industrias más lesionadas. Pero de ningún modo esas certezas deberían de llevar al sector a plegar alas. 

Cautela y prudencia son palabras que emparentan bien con el otoño. Sucede además que estos meses nos han hecho cambiar de hábitos y que el placer que antes despertaba pasar una larga tarde bajo la cálida protección de una librería comienza a sustituirse por la comodidad de un par de clic desde nuestros ordenadores personales. Pero que no cunda el pánico: El libro no desaparecerá y las librerías tampoco, al menos si muestran la inteligencia de saber adaptarse a los nuevos tiempos, a los paradigmas que ha traído consigo la tecnología y a los nuevos hábitos de sus viejos clientes. De ser cierto que Estados Unidos es el mercado que primero visa los nuevos modelos convendría saber que la penetración del e-commerce se duplicó en estos cuatro últimos meses y hoy día supera el 33 por ciento del total de ventas de libros. Amazon, por ejemplo, creció un 45 por ciento y aquellos sellos tradicionales, aquellas librerías más despiertas que se armaron de valor y dieron el paso de poner sus libros a la venta a través de sus páginas web, descubrieron a una clientela que no esperaban. Hay un dato aún más sorprendente y que debería de hacernos reflexionar. Según datos de Think with Google la pandemia ha hecho que a más del setenta por ciento de los compradores les de igual comprar online o en tiendas físicas. ¡Uf! ¡Para pensárselo! Ya conocen eso de las barbas del vecino ¿verdad?.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *