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El manto 

Marcela Serrano. Alfaguara, 17,90 € (160 p) ISBN 978 842043935 8

En Lo que no tiene nombre, Piedad Bonet exploraba hace unos años la pérdida del hijo, un duelo que, a diferencia de la viudez o la orfandad, no tiene una palabra que lo defina. De la misma manera, en El manto, su novela más personal hasta el momento, Marcela Serrano nos introduce en su propio duelo: «Soy algo innombrable porque mi pérdida es horizontal», nos dice para hablar de la muerte de su hermana Margarita. El texto, poético, inclemente a veces, transcurre como una memoria personal en la que, sin embargo, irrumpe, como un indeseable en un funeral —«me cuesta creer que alguna vez escribí ficción»—, el irrefrenable oficio narrativo de la escritora chilena. Se despliega así ante nosotros una historia que la autora teje, como un manto, a lo largo de los meses de duelo y de aislamiento. Una historia que apela, pues, a emociones recientes, que acaso como nunca antes podemos calificar de «universales», y que se inscribe en esa amplia y a menudo catártica literatura de la pérdida, la de El año del pensamiento mágico, de Joan Didion o El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Cómo en aquellos, este libro configura a su personaje a través de la ausencia y, al hacerlo, nos impregna con la presencia ya imborrable de su autora.  Marcela Serrano es autora de, entre otras, Nosotras que nos queremos tanto (1991), galardonada en 1994 con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, Antigua vida mía (1995), El albergue de las mujeres tristes (1997) o Lo que está en mi corazón (2001), finalista del Premio Planeta.