Diez años de Tipos Infames

Las librerías tienen que ser sexis. Su dimensión invisible debe estar recubierta de energía erótica: deseo de conocer, de descubrir, de encontrar, de pasar allí el mayor tiempo posible. Y su local debe ser igualmente seductor. El atractivo de muchas reside en lo clásico: los miles de libros, los retratos de escritores, la luz que se derrama de las lámparas de mesa, los muebles anticuarios. Otras, en cambio, nos seducen con una fisonomía cool, minimalista, contemporánea.

Tipos Infames abrió sus puertas el 1 de noviembre de 2010 en el madrileño barrio de Malasaña. Sus paredes, estanterías y mesas son blancas y están contrapunteadas por columnas de metal: un diseño de interior programáticamente moderno. Y su subtítulo, al igual que la actitud de sus libreros, deja claro que su vocación es el placer, tanto intelectual como sensorial: “Libros y vinos”. 

No es casual que esté especializada en libros literarios de editoriales independientes. El proyecto es afín y contemporáneo al de sellos como Periférica, Impedimenta o Errata Naturae, que nacieron a finales de la primera década de nuestro siglo. Según me cuentan Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas, además de por una selección que esquiva los superventas obvios y las megaeditoriales, la librería se caracteriza por una clara voluntad de “redefinir el concepto tradicional para adaptarlo a los nuevos tiempos, diversificando la actividad y articulando un espacio dinámico y abierto a la cultura”. Por eso la arquitectura del local incluye desde el primer día diferentes ámbitos: una sala de exposiciones que es al mismo tiempo un pequeño auditorio para presentar libros; una barra con una buena selección de vinos de pequeñas bodegas españolas y cervezas artesanales, o algunas mesas donde leer o tomar un café mientras la gente pasa por la calle, al otro lado del cristal.

Les pregunto cómo les ha afectado la pandemia y cómo van a celebrar su décimo aniversario: “Nos ha pillado en un mal momento, porque en noviembre de 2019 abrimos un espacio nuevo, justo en frente, dedicado a la novela gráfica, la poesía y la literatura para niños y jóvenes”. Ahora van a centrarse en la supervivencia: “Con suerte, podremos celebrar nuestra primera década dentro de un par de años”.

Los tres títulos que más han vendido en toda su historia son Apegos feroces, de Vivian Gornick (Sexto Piso), Fariña, de Nacho Carretero (Libros de KO), y Limónov, de Emmanuelle Carrère (Anagrama). Tres crónicas, tres novelas de no ficción: “Lo principal es que son grandes libros que nos entusiasman, que recomendamos desde que los leímos, como nos siguen gustando, aunque hayan pasado varios años desde su publicación, continúan estando en la mesa de novedades”. Para ellos el cliente ideal es, precisamente, aquel que busca la recomendación y que quiere ser asesorado más allá de las modas. Con el tiempo, “el vínculo se va estrechando y la recomendación se vuelve bidireccional, te llega a ti como librero”. Se trata de un momento mágico: cuando los mejores clientes, los lectores más constantes, se vuelven cómplices en los procesos de prescripción.

Recuerdan con cariño uno de los muchos momentos en que se reveló esa idea, en aquella ocasión en forma de dedicatoria. Le pidieron a un escritor muy conocido que les dedicara un libro que acababa de publicar: lo firmó como “un lector agradecido”. No me dicen su nombre, como si suscribieran ellos también el mensaje que se leía en la tarjeta que otro escritor famoso, pero norteamericano, les dejó en el mostrador el día que visitó la librería: “I don´t want to talk about it. Don DeLillo”.

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