Conversaciones en Formentor: El premio a Ulítskaya, la atracción por los malos y el placer frente a una buena traducción

Liudmila Ulítskaya, la escritora rusa que escapó a tiempo de la locura bélica del régimen de Putin, ha recibido el Premio Formentor por su compromiso narrativo, por su sensibilidad heredada de los grandes maestros rusos y por la vigencia de su mensaje, su estilo, su perseverancia. El galardón fue entregado durante las sesiones de Conversaciones de Formentor que este año la fundación del mismo nombre ha celebrado en Las Palmas de Gran Canarias.

El escritor y editor de Gallimard, Gustavo Guerrero, miembro del jurado del Prix Formentor y exégeta de la narradora rusa, ha dicho que «la palabra literaria de Ulítskaya, lejos de reproducir la lengua del poder, enuncia desde los agujeros negros del dolor la realidad de su país, una zona del mundo maltratada por sus mismos ciudadanos».

Ulítskaya dictó una conferencia moteada de recuerdos de su vida, recuerdos aguijoneados por el dolor, las necesidades, el miedo, la incertidumbre. En realidad, le bastó con rememorar la grisalla soviética para, sin necesidad de decirlo, denunciar lo que hoy sucede en su país, del que salió en compañía de su familia cuando Putin declaró la guerra a Ucrania.

El Premio Formentor es el acto solemne de las Conversaciones Formentor. Pero cada año los encuentros lucen un título. En este caso Formentor puso en pie este sintagma: ‘Sátiros, pícaros y mangantes’ y lució un subtítulo más explicativo: ‘Grandes embusteros de la literatura’ Es fácil imaginar que los escritores, críticos y periodistas que han participado en las mesas de debate se cebaron con admiración frente a estos tres estereotipos cuyos renglones torcidos son tan literarios como la maldad, el engaño o la trampa. Las Conversaciones de Formentor son la aristocracia de la literatura, el prestigio de la palabra, el repositorio de la memoria que hace a escritores y editores perseverar en su empeño.

Además del premio y del argumento del año se celebró los primeros días el Coloquio Europeo de Traductores. Octavio Paz decía que la traducción es el último gran género literario. Estaba en lo cierto. La organización se preocupó por traer a la isla a algunos de los mejores traductores que han trabajado desde Holanda, Italia, Alemania, Finlandia, Polonia o Estados Unidos, entre otros países. La última sesión, por cierto, abordó la existencia o no de una lengua franca. Los integrantes de la mesa se perdieron en digresiones filosóficas y voluntariosas. Se olvidaron de decir que una lengua franca para Europa o para el mundo no se construye sino que se impone. Y es que solo desde ópticas económicas es posible entender que el inglés seguirá siendo la lengua que permee el mundo, el chino la lengua que siga creciendo y el español, el cuarto idioma más hablado del mundo, el que peor lo tiene a la vista de su debilitado horizonte. Lástima.

Manuel Mateo Pérez / Las Palmas de Gran Canaria.

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