Canastas y lecturas

El imán y el faro puede estar en Michael Jordan, Federer o Kobe Bryant y tras eso la labor es afianzarlos en la lectura

No nos engañemos. El anuncio de la cuarentena y la obligación de estar noventa días confinados en casa no fue lo más duro del mundo para aquellos que veneramos la lectura, el cine y las series. No me malinterpreten, por supuesto que me atemorizaban los efectos directos, indirectos y colaterales de la pandemia sobre mis seres queridos y el resto del planeta, pero cuando uno disfruta tanto con según qué actividades de interior, la vida no es tan temible entre cuatro paredes.

Y entre esos libros, cómics, series y largometrajes que devoré en los tres meses, hubo una serie documental que fue especialmente disfrutable para aquellos que además no renegamos del —buen— deporte: The Last Dance, de la superpoderosa Netflix. Co-producido por ESPN (padre y madre de aquella maravilla llamada Hermanos y enemigos) y entregado en diez capítulos a razón de uno semanal, el documental narraba la vida de Michael Jordan, con la diferencia de que aquí sí estaba el propio icono (habano y whisky en mano) hablando en primera persona de los mayores hitos de su vida y de sus —aquí minimizadas y diluidas— controversias.

Pero vayamos al grano. The Last Dance no sólo sirvió como una especie de sueño cumplido para los millones de entusiastas del 23 de los Bulls, sino que además fomentó una serie de artículos mucho más interesantes que su ya clásica y multimillonaria línea de ropa. Y España no iba a ser diferente. De ese modo, acabaron saliendo a la venta Air: la historia de Michael Jordan, escrito por el ganador del Pulitzer David Halberstam y editado por Duomo Ediciones, y Michael Jordan: la biografía definitiva, escrita por el popular autor de deportes Roland Lazenby y editado por geoPlaneta (Grupo Planeta).

Las dos biografías del mayor jugador de baloncesto de la historia (y convertido en titán inabarcable por el marketing) reflejan una serie de pruebas que nos animan a la esperanza y que demuestran la virtud de ver el estímulo y transformarlo en la realidad que desea el lector de brocha gorda. Saber leer el resultado de una serie documental de Netflix sobre la gente, la búsqueda de las biografías, la traducción y la distribución hasta el punto de que no hay librería que no los tenga en el escaparate (y todo en un breve espacio de tiempo) es la prueba de la eficiencia de la industria editorial española, algunas veces tachada de excesivamente conservadora y lenta en reflejos.

No quiero con ello ser condescendiente ni rozar el autoengaño, sé que hay muchos retos por delante y sé que no sólo son grandes en número, sino también en grado de dificultad. Pero la sabia lectura de algunas —muchas editoriales— y su rápida respuesta a las necesidades del mercado son la prueba de que la maquinaria funciona y de que en esa reiteración puede estar el imán que inicie a tantos lectores perdidos y acomodados en opciones de ocio más pasivas, pero también menos transformadoras e incitantes. 

Y es que como el propio Jordan dijo “el talento gana partidos, pero la inteligencia y el trabajo en equipo es lo que gana campeonatos”. El imán y el faro puede estar en Michael Jordan, Federer o Kobe Bryant y tras eso la labor es afianzarlos en la lectura. Tarea complicada, sí. Pero más lo era acercarlos a la librería y eso ya se ha logrado.

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