Antolina Ortiz:“Cada vez se escucha más español en las calles de Montreal”

Con una precisión descriptiva asombrosa y la capacidad de reconstruir pasados cercanos y remotos, Antolina Ortiz utiliza la ficción como forma, lo que le permite explorar aspectos inusuales de la búsqueda de sentido como pregunta vital. La autora mexicana-canadiense nació en la Ciudad de México en 1971 y vive en Montreal. Ha obtenido tres veces el premio Eufemio Lora y Lora de Perú, una nominación al premio Nadal en España, la importante nominación al premio Rómulo Gallegos en Venezuela. En 2019 ganó el  primer lugar para novela corta Escritoras Mexicanas-Paralelo 21. Ortiz moldea las percepciones de lo real para situarnos en una realidad narrativa diáfana, de ambientes contrastantes, emociones sombrías y personajes creados con oficio excepcional.

Para iniciar esta conversación nos gustaría saber qué porcentaje de Canadá lee en español

Aproximadamente un 2% de la población de Canadá es hispanófona. Mi experiencia personal es que cada vez se escucha más español en las calles de Montreal, con toda su riqueza de acentos provenientes de punta a punta del continente. Si la población entera de Canadá está por los 37 millones de habitantes, estamos hablando de más de medio millón de hispanohablantes.

¿La migración fue un detonante del creciente interés por la literatura escrita en español?

Todos los inmigrantes tenemos nuestras historias de migración. Muchos vivimos la migración como un exilio. Migré a Canadá en dos ocasiones. En el año 2000, mi traslado fue por estudios universitarios; diecisiete años después, el panorama que me trajo de vuelta a Montreal fue la violencia creciente en mi país. Independientemente de las causas que provocan una migración, las dificultades, a varios niveles, existen. Escribir en español en un país en que no se habla español es complejo. Pero también es increíblemente enriquecedor.

Conocemos la antología Retrato de una nube de Luis Molina Lora y Julio Torres-Recinos, que reúne lo más destacado del cuento hispano-canadiense con la participación de 22 autores canadienses provenientes de México, Colombia, Argentina, Chile, Guatemala, Perú, Bolivia y El Salvador.  ¿Compártanos algún esfuerzo editorial que valga la pena mencionar?

Las antologías están muy en boga. La trilogía de “Historias”, editadas por los maravillosos Martha Bátiz, Juan Gavasa y José Antonio Villalobos, publicadas por Lugar Común consta de los libros Historias de Toronto, Historias de Montreal, e Historias de Vancouver, que reúnen cuentos de los principales escritores hispanohablantes en Canadá. Tuve el honor de ser invitada a participar en ellas y la edición de primer nivel, dignas de ser compartidas en todo el mundo.

¿Qué universidades, instancias o editoriales independientes han sido las principales promotoras en Canadá de la literatura en español?

Linda Leith es una escritora consagrada, y editora que ideó en Montréal el primer festival multilingüe del mundo, el festival Blue Metropolis. En el Blue Met se maneja el idioma español como idioma oficial, junto al francés y al inglés. El festival ha traído estrellas internacionales de las letras hispánicas al público canadiense, entre otros, a Carlos Fuentes, a Valeria Luiselli, a Alberto Ruy Sánchez, a Francisco Goldman, a Leila Guerriero, a Claudia Piñeiro. Este año, año de pandemia en que hemos visto cancelarse todos los festivales literarios, me tocaba el inmenso honor de participar en el festival en la programación Azul, junto a nombres consagrados de nuestras letras, como el mexicano Jorge Volpi, y los colombianos Giuseppe Caputo y Margarita García Robayo. No puedo hablar suficiente sobre la importancia de lo que ha logrado Linda con su trabajo. No es ninguna sorpresa que obtuviera la distinción de la Orden de Canadá por ello.

Hugh Hazelton es otro nombre indispensable que hay que mencionar aquí. El brillante periodista venezolano Rafael Osío Cabrices, a quien también tenemos el lujo de tener por aquí, la revista Hispanophone, lo describe como “el hombre que escuchó la voz de la minoría invisible” de Canadá. Hugh es un académico, escritor emérito y traductor premiado que se especializa en la literatura latinoamericana, y más específicamente, en la literatura latinoamericana escrita desde Canadá. Hace trece años, Hugh publicó su libro Latinocanadá, donde ya describía estas voces que buscaban ser escuchadas. En la actualidad, Hugh sigue animando las veladas de lectura de poesía multilingüe “La Palabrava”, que ya cumplen diez años de vida y enriquecimiento cultural. Es difícil imaginar mayores embajadores de la literatura en español escrita desde Canadá, no tengo palabras (ni “palabravas”) para agradecer el trabajo de Linda y Hugh, ambos son inmigrantes en Canadá. Quizás eso les permite la objetividad y apreciación que tienen hacia la literatura hispanófona en Canadá. Los inmigrantes acabamos teniendo ese “superpoder”: el de lograr ver las cosas con cierta distancia, y con mayor horizonte.

En su experiencia, ¿qué ha sido lo más complejo de publicar en editoriales independientes? ¿Qué ventajas y qué contras tiene?

Me estás preguntando esto en plena época de pandemia. Y lo que te puedo decir que dos de mis editores independientes han tenido que cerrar sus proyectos por dificultades económicas. Es una tragedia, porque las editoriales independientes abren sus puertas a mucha literatura nueva, innovadora, experimental, que difícilmente encuentra casa en editoriales con giro empresarial.

Las dificultades que tuve con mis editores independientes antes y durante la pandemia, es que esperan que el autor no sólo escriba, sino además venda obra, y rara vez hay ingresos. No se cuenta con redes de distribución muy amplias. Quizás esta dificultad se suaviza por el trato amable y personal que los editores tienen con el autor. La buena es que estoy por firmar contrato con una editorial maravillosa en Argentina. Es una editorial de narrativa contemporánea, fundada en el 2013 en Buenos Aires. Me siento emocionada con la perspectiva de iniciar este nuevo viaje con mis libros.

Hablemos de su vocación literaria. Podría compartirnos el proceso de creación y de construcción de personajes en Seda Araña, especialmente de su protagonista.

Seda Araña es el viaje hacia la locura de una persona cuerda que se enfrenta a la violencia extrema de una guerra. Para mí, es también una metáfora de la situación que están viviendo México y varios otros países en la actualidad. ¿Cómo sobrevivimos a la violencia sin enloquecer? ¿Qué nos mantiene? Mis personajes se van creando solos. Seda Araña empezó como una idea. En la idea había hilos de seda de araña, había que encontrar a alguien que los tejiera. Esa persona empezó a unir cabos, a telar historias… Mi investigación exhaustiva me llevó a Holanda, donde más paracaidistas pelearon durante la segunda guerra mundial que en cualquier otra parte del mundo (los paracaidistas hubieran usado la tela hecha con hilos de seda de araña). El resto lo dice la lectura.

Otumba novela atrevida, se aparta del modo narrativo que predomina en Seda Araña, cómo hace estos cambios de tono, de estructura y sobre todo de estilo. La primera, sucede en tiempos de la gran guerra en Europa. Por otro lado en  Otumba, nos ubica en México, va de lo prehispánico a un pasado reciente. Compártanos detalles de las variaciones en su prosa.

Cada una de mis obras es totalmente diferente de la anterior. Recientemente escuché el comparativo de autores que tuvieran un mapa al que siguen al escribir, y otros que usan una brújula. En ese sentido: yo soy una persona que usa una brújula para escribir y para vivir. Nunca sé a dónde voy, pero nunca estoy perdida, tampoco, porque tengo una brújula. Al empezar la novela, veo con qué elementos cuento y de allí parte el trabajo creativo. El texto puede tomar años o puede modificarse radicalmente durante el proceso. Es lo que pasó con Otumba. Empecé en un continente creativo y acabé en otro planeta.  En medio nació mi hija, me mudé de vuelta a México (a Coatepec), cambié de trabajo dos veces… Son las realidades a las que uno se enfrenta como autor. Otumba quiere hablar sobre el drama de México, en que nos sentimos rotos, nuestro limbo. Quiere ser un espejo -fragmentado, quizás, como lo dice el autor Efrén Ortiz- pero un espejo a fin de cuentas. Otumba fue un proceso difícil, pero muy placentero a la vez, porque es de las novelas más experimentales que he trabajado. Es un viaje. Un viaje de vida.

Háblenos del viaje como práctica dominante y recurrente en su literatura.

Mi vida está marcada por el viaje. He viajado por todo el mundo, y lo hago cada vez que la vida lo permite. Bhután, China, Indonesia, Australia, Rusia, Argentina, Costa Rica, Perú, Antártica… México, ¡por supuesto! Nuestro mundo es un lugar sorprendente. Estoy enamorada de este mundo. Y estoy también sorprendida de la destrucción ecológica a la que lo hemos / nos hemos sometido. Creo que la educación, la ecología, la cultura, las ciencias, van de la mano. Si le fallamos a una de estas cosas: nos fallamos a nosotros mismos. Creo que el cuerpo de mi trabajo literario es un reflejo de estas ideas. Somos un todo. No somos trechos. Hay que defender la cultura, como defendemos la ecología, las ciencias.

¿Cómo se formó como lectora, quiénes son los autores o autoras a las que vuelve?

En este sentido, autores como Clarice Lispector, Mercé Rodoreda, Alessandro Baricco, Albert Camus, Juan Rulfo, me inspiran por su impecable honestidad. “Duros secos y al hocico”. Maravillosos en su estética de la palabra. Más recientemente, he descubierto a la maravillosa Camila Sosa Villada que me enamoró con su honestidad. Es alguien que lo perdió todo en este mundo cruel que nos lastima, y que al mismo tiempo -al no tener nada que perder- es capaz de decirlo todo, desde la ternura, desde el horror que significa ser un ser humano.

Es filósofa y también escribe ensayo ¿Cómo fue experiencia de escribir no ficción? Cuéntenos sobre Vidas callejeras, aquel ensayo publicado por Editorial Patria y prologado por Elena Poniatowska.

Fue un proyecto de servicio social que hice en la Universidad Iberoamericana, fue lo primero que publiqué cuando estudiaba filosofía, todas las puertas se abrieron hasta gestar ese libro, incluso un prólogo de Elena Poniatowska. Fue una experiencia maravillosa tras la cual descubrí que definitivamente mi fuerte es la ficción. Me encanta la sensación de libertad que me da escribir novelas cortas de ficción. El uso de metáforas, el juego con la reflexión filosófica, el apoyo en los descubrimientos de la ciencia, de los viajes por este mundo, todo esto me permite hilar historias, atrapar al lector, y abrir la puerta a un universo que todos traemos adentro/afuera.

Es momento de acercarnos a la literatura de escritura femenina mexicana o latinoamericana, ¿Cuál fue la última lectura y qué llamó su atención?

Pienso aquí en la novela Temporada de huracanes de Fernanda Melchor. Es una novela que me resonó, por su extrema violencia. El estilo me parece maravilloso. Enloquecedor. Me costó mucho trabajo acabar de leerla, por la brutalidad que describe, es la que yo viví en un Veracruz destrozado. Viví en Coatepec siete años con mi familia. Es un lugar maravilloso con gente extraordinaria. Pero cuando los límites de lo ético son derribados, es muy difícil mantener la cordura. Todos nos volvemos locos. Fundé un proyecto de educación libre, coordiné la siembra de más de once mil árboles en bosque de niebla, empecé una tienditas de productos orgánicos regionales… Coatepec fue un terreno fértil para proyectos asombrosos. Pero todo se vino abajo por esta violencia. Amigos desaparecidos. Asaltos y robos violentos. Silencio de las autoridades.

Fue la violencia en México la que me hizo volver a migrar a Canadá. Si mi primera migración fue por razones de estudios, la segunda fue en carácter de urgencia y fue dolorosa.

¿Con este confinamiento se modificó su manera de trabajar? ¿Se vio alterado su proceso de escritura?

Si. Es muy difícil trabajar con mis hijos en casa. Me cuesta mucho concentrarme y darles la atención que requieren, aunque no son niños. Es un equilibrio que a veces no alcanzo. Y por lo tanto me frustro y trabajo menos. Supongo que todo funciona a la inversa, también. Porque la pandemia igualmente me ha dado un sentido de urgencia por escribir. Siento que nuestro mundo está doliendo tanto, que me veo en la necesidad de ofrecer algo de vuelta, algo que creo que pueda ayudar.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *